5 tips para comunicar eficazmente en una entrevista de trabajo

¡Por fin! Si ya eres graduado o has terminado el máster… ¡Enhorabuena! Algunos disfrutaréis del verano, para otros es momento de buscar trabajo. Para ello, ¡toca prepararse!

Imaginemos que ya has dado los primeros pasos: elaborar el Currículum Vitae y entregarlo o enviarlo a todas las empresas, portales de empleo o lugares en los que se oferta trabajo. Se han puesto en contacto contigo y te han dado la oportunidad de realizar una entrevista para conocer mejor tu perfil.

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¿Qué aspectos debes tener en cuenta el día de la entrevista? Te damos 5 tips para que tú controles la situación y no te pasen factura los nervios.

  1. Controlar tu comunicación no verbal. Acostumbramos a preparar lo que vamos a decir con palabras, pero no lo hacemos con lo que queremos transmitir con nuestra comunicación no verbal y paraverbal. ¡Se trata de decidir! Decide tu actitud, los gestos que te pueden ayudar a transmitir seguridad y el tono de voz adecuado para expresar lo que opinas de ti mismo y de la empresa en cuestión.
  1. Expresarte con claridad. En otras palabras, tener claro el mensaje que quieres comunicar. Prepárate las posibles preguntas, piensa que el entrevistador o entrevistadora lo que quiere es conocerte en profundidad. Por consiguiente y, ante todo, debes conocerte a ti mismo.
  1. No juzgar. Como acto reflejo, tu cerebro buscará argumentos a lo que te comunique la persona que te entreviste. Asimismo, lo hará con lo que te transmite con su expresión facial y corporal. Si percibes algo negativo, omítelo, no siempre lo que parece es la realidad. No juzgar te servirá para mantenerte en un estado de calma y te ayudará a ser tú mismo.
  1. Escuchar activamente. Si estás centrado en tu “yo interior” te perderás gran parte de la comunicación de tu interlocutor, e incluso puede que no escuches las preguntas y como consecuencia, respondas de forma errónea.
  1. Utilizar un lenguaje asertivo. No expreses agresividad, ni pasividad aunque el entrevistador te lleve a ello. Utiliza un lenguaje en el que expreses tu opinión de forma objetiva, honesta, clara y directa y lo más importante de forma respetuosa.

Aprovecha cada oportunidad, si pones en práctica estos consejos ganarás mayor seguridad en ti mismo, y si a la primera no sale bien ¡tranquilo! Estás aprendiendo.

“Al final todo saldrá bien, y si no sale bien, es que no es el final”. Película: “El exótico hotel Marigold”.

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Por qué los niños deben aprender a hablar en público

Desarrollar las habilidades comunicativas tiene muchos beneficios, algunos de ellos son: aprender a organizar y estructurar un tema, aprender a utilizar la voz y los gestos, saber argumentar, aceptar y respetar la opinión de los demás y, especialmente, ganar mayor seguridad en uno mismo. La buena noticia es que esta habilidad se puede entrenar, y todos sabemos que poseerla aporta ciertas ventajas en la vida.

Aunque bien es cierto que en los colegios no existe una asignatura de oratoria, cada vez más se invita a los alumnos a salir a la pizarra o a exponer un tema en clase. La iniciativa es buena, pero si no enseñamos la forma de hacerlo, podemos acrecentar el miedo escénico. Es lo mismo que cuando enseñamos a nuestros hijos a montar en bicicleta: Normalmente suelen comenzar con ruedas pequeñas atrás para que el niño tenga estabilidad y se sienta más seguro, no se caiga y aprenda a pedalear, ¿verdad? Pues si lanzamos a un niño a la pizarra esperando que argumente y que pierda el miedo escénico sin enseñarle cómo, podemos provocar el aumento del miedo.

Y una última reflexión, ¿te hubiera gustado de pequeños aprender a hablar en público? ¿Piensas que tener esa habilidad habría cambiado algo en vuestra vida? Aprender desde pequeño todo aquello que nos aporta seguridad en nosotros mismos es, sin duda, una inversión a corto, medio y largo plazo.

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2 pautas para reducir tus nervios en el Trabajo Final de Grado

Presentas el Proyecto Final de Grado y dispones de unos minutos para realizar la exposición oral y pública de tu trabajo y responder la ronda de preguntas del Tribunal. Ese día deberás demostrar tus conocimientos y habilidades comunicativas. Y los nervios te pueden jugar una mala pasada…

Para ayudarte a gestionar esos nervios, te proponemos dos pautas muy sencillas:

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: LA VOLUNTAD

  1. MAYOR SEGURIDAD. Piensa si alguna vez te has cruzado con una persona negativa… ¿Recuerdas el lenguaje que utiliza? Seguramente si lo analizáramos, la palabra “NO” sería la más utilizada. ¿Qué crees que sucede cuando esa persona tiene el convencimiento de que algo es imposible, difícil o no se puede alcanzar…? Seguramente estés pensando que de tanto pensarlo, eso sea lo que le suceda. Lo más probable es que no consiga aquello que se proponga o tenga más dificultades para lograrlo. Así que, aplícate la misma conclusión y analiza tu propio lenguaje. Piensa lo que te dices a ti mismo antes, durante y después de la exposición.
  1. EL CAMBIO DEPENDE DE TI. Has dado el primer paso y sabes cómo te comunicas contigo mismo. ¿Utilizas el lenguaje adecuado? ¿Te gustaría modificarlo? Por ejemplo, lee esta frase: “soy incapaz de hablar delante de un Tribunal sin tener la voz temblorosa”. Y, ahora, esta otra: “si me preparo bien la presentación me pondré menos nervioso y me saldrán mejor las palabras”. ¿Qué te sugiere cada una? ¿Cuál te gusta más? Tú eliges…

“No se equivoca el hombre que ENSAYA distintos caminos para alcanzar sus METAS. Se equivoca aquel que por temor a equivocarse NO ACTÚA“.

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¿Cuál es tu gesto más habitual?

¿Qué gestos son los que más repites cuando te comunicas con los demás? ¿Y cuando hablas en público? Es posible que no seas consciente o tengas una ligera idea, pero ¿cómo saberlo?

Realizar una presentación, impartir formación, comunicarnos con desconocidos, son situaciones que nos pueden producir miedo escénico a hablar en público. Habitualmente, en un estado de nervios o presión, pasamos por alto el control de los gestos.

Te proponemos un ejercicio práctico para descubrirlo:

Pregúntale a alguien de tu entorno: las personas con las que interactúas de forma habitual suelen conocer tus gestos más comunes.

Grábate en vídeo: si vas a realizar la presentación de un proyecto, por estudios o por trabajo, lo mejor es que te grabes para analizar tu postura y gestos.

¿Y luego qué? Una vez tomas conciencia de tus gestos te proponemos lo siguiente:

Evita el autocontacto: nuestra tendencia ante las situaciones que nos crean inseguridad es el autocontacto, ya sea con las manos, brazos, cuerpo… Por ejemplo, agarrarnos el brazo con la mano. Nos da sensación de autoprotección, pero a la vez transmitimos inseguridad.

Controla tus gestos: si ya has detectado un gesto repetitivo, ¡contrólalo! Mover excesivamente los brazos, estar estático de forma continua, hacer círculos con las manos, señalar, puede transmitir algo incoherente con nuestras palabras o incluso nos puede hacer perder credibilidad.

Observa los gestos de los demás: si pones atención en los gestos de los demás, poco a poco irás controlando los tuyos.

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