CEO: La imagen de la empresa

El papel que adquiere un CEO dentro y fuera de la organización es de vital importancia ya que constituye la imagen y voz de la empresa. En otras palabras, la representa. Por ello, a la hora de hablar en público, es fundamental el uso que hace de la información y cómo la transmite.

Como director general, estás continuamente en contacto con los socios, accionistas, colaboradores, proveedores y trabajadores de la empresa. Además, puede que tengas que atender a los medios de comunicación. Llegado ese momento, debes tener muy claros los pasos a seguir y, principalmente, tener claro cuál es la imagen que quieres proyectar delante de sus interlocutores.

¿Cuáles son las principales pautas a seguir a la hora de preparar ese encuentro?

En primer lugar, definir lo que quieres obtener una vez realizado el discurso. Cuál es la finalidad del comunicado, de la reunión, de la presentación. ¿Qué quieres conseguir? ¿Vender? ¿Informar? ¿Tomar decisiones? ¿Impactar?

En segundo lugar: trazar un plan. Describe el lugar, la hora, los asistentes, el material que vas a necesitar, la duración…

Otro aspecto a considerar son las conclusiones. Debes concluir esa presentación o reunión con algo concreto. Esa conclusión debe ir ligada al objetivo. Por ejemplo: “como CEO convocas una reunión para decidir un nuevo plan estratégico que provoque un aumento del 5% de las ventas para el próximo año”. Si durante la reunión se empieza a hablar de todo un poco y no se centra en nada, pueden pasar dos cosas: o no se ha planteado bien el objetivo de la reunión o se ha perdido de vista. Por ello, es aconsejable cerrar cada discurso o debate con una conclusión centrada en el objetivo.

Por último y no menos importante. identifica al público. Es fundamental que sepas a quiénes va dirigida tu charla para elegir los argumentos más apropiados. La forma de contar lo que quieres decir dependerá del tipo de personas a las que te dirijas.

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Conversaciones eficaces con tu equipo

Es momento de cambios en tu empresa. Como director o como jefe, te toca reunir a tu equipo para comunicar las decisiones tomadas. Sabes que es de vital importancia que los equipos sean conocedores de las mismas. Por esa razón, la comunicación se vuelve uno de los factores más relevantes, pues depende de cómo comuniques esas decisiones, transmitirás al equipo mayor o menor credibilidad y provocarás en ellos mayor o menor motivación.

Para no cometer un error y que tu discurso se vuelva susceptible de interpretaciones, es primordial preparártelo bien. Así que, toma nota de estos consejos:

En primer lugar, define la intención de tu conversación con el equipo. Puedes contestar a estas preguntas: ¿cuál es el mensaje o decisión que quieres trasladar a tu equipo? ¿A quiénes afecta? ¿Cómo les afecta? ¿Qué esperas de ellos? ¿Qué papel desempeñas en tu discurso?

Segundo, ten en cuenta que, como dice el refrán, “nunca llueve a gusto de todos”. Puedes obtener todo tipo de respuestas y reacciones. Para que no te coja por sorpresa, ten en cuenta a tu público y piensa cómo pueden responder ante la decisión que les acabas de comunicar.

Por último, utiliza todos tus recursos: el vocabulario que mejor se adecue a la situación, tus gestos, usa la empatía, adapta tus argumentos, etc.

Y, sobre todo, prepara bien tu mensaje para ganar mayor seguridad durante el discurso. Ya que no importa cuántos recursos tengas, si no sabes cómo utilizarlos, nunca serán suficientes.

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¿Con quién te sientas a negociar?

En publicaciones anteriores te hemos hablado de lo importante que es preparar tu presentación o discurso a la hora de hablar en público. Pero, ¿cómo tienes que hacerlo? Lo primero que debes hacer es muy sencillo, aunque no por ello menos importante: definir cuál es tu objetivo.

Toda intención tiene un objetivo. Por ejemplo, la negociación con un cliente persigue uno o varios objetivos: conseguir vender un producto, fidelizar al cliente, informarle sobre los beneficios del producto, etc.

¿Cómo puedes definir tu objetivo? Respondiendo a unas preguntas muy básicas: qué quieres lograr, con qué fin, quiénes son los implicados, cómo lo vas a hacer… Una vez respondidas estas preguntas, ya puedes trazar un plan determinando sobre cuándo y cómo vas a lograr tu objetivo.

Veamos un ejemplo: En mi trabajo me piden que enseñe al resto de mis compañeros cómo he conseguido 10 clientes potenciales en un mes. Mi objetivo es transmitir que lo más importante es generar confianza a los clientes.

En este caso, llegado el día de la presentación, deberás enfocar tu discurso hacia este objetivo, de nada servirá que hables de todo un poco. Cuanto más preciso sea tu objetivo, más fácil te resultará lograrlo.

Por otro lado, una vez tengas definido el objetivo, ten en cuenta a tus interlocutores. Te ayudará saber si el público al que te diriges conoce o no el tema de la presentación. Es posible que te encuentres con un público heterogéneo (personas que tienen conocimientos sobre el tema junto a personas que no). En cualquier caso, conocer previamente quién o quiénes asistirán a la reunión o informarte sobre las características de tu cliente, será clave en la preparación de tu discurso.

Ya sabes, define tu meta de forma precisa y ten en cuenta a tus interlocutores, así lograrás tu objetivo.

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¿Qué quieres conseguir cuando comunicas?

Hablar en público. Todos lo hacemos. En nuestro trabajo, en una reunión, frente a un auditorio. Pero también en nuestra vida diaria: con nuestra pareja, hijos, compañeros de trabajo o amigos. Por eso, cuando hablamos en público, sea en el escenario que sea, es fundamental ser conscientes de cuál es nuestro objetivo. Es decir, saber qué queremos conseguir con nuestra comunicación y qué queremos transmitir a la persona o personas con las que nos estamos comunicando.

Por ejemplo: Quieres mantener una conversación con tu hijo ya que no rinde en los estudios y le ves distraído. Lo primero que debes preguntarte es: ¿qué quieres conseguir si hablas con él? ¿Saber qué le pasa? ¿Demostrarle confianza? ¿Que estudie más? Si tienes claro tu objetivo, prepararás tu discurso adaptando los argumentos, buscarás las palabras adecuadas y evaluarás los posibles efectos y reacciones. En definitiva, a la hora de preparar esa conversación lo harás teniendo en cuenta la meta que te hayas fijado.

Cuanto más preciso sea tu objetivo, más fácil te resultará lograrlo. De lo contrario, si no sabes cuál es la finalidad de tu discurso, cualquier resultado será válido:

  • ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
  • No me importa mucho el sitio…
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes…

Alicia en el país de las maravillas

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¡Nace el Club del Comunicador!

Se trata de un grupo de personas con un interés en común: desarrollar habilidades comunicativas. ¿Cómo? ENTRENANDO cada semana mediante una serie de dinámicas y actividades que proponemos en la Escuela. No solo eso, sino que además lo haremos ¡divirtiéndonos!

Como miembro del club participarás de forma activa en nuestras actividades como, por ejemplo, en la realización de vídeos o en dinámicas para el desarrollo de la comunicación grupal. ¡Y tendrás la oportunidad de presentar diferentes actos y eventos de la Escuela Comunicando! Además, cada semana tendrán lugar clases prácticas con coaches, actores y periodistas en las que trabajarás la improvisación, la comunicación interpersonal, podrás participar en debates, talleres, juegos teatrales y diferentes role playing.

Pero, ¡aún hay más! Queremos que, como miembro del club, puedas colaborar, compartir y dar feedback participando en las actividades “I CAN DO” en las que los miembros sois los protagonistas. Entre todos, organizaremos distintas actividades como asistir a conferencias, charlas, presentaciones de libros, teatro y realización de vídeos para nuestro canal de YouTube.

Si quieres desarrollar tus habilidades comunicativas puedes apuntarte a nuestro entrenamiento semanal cuando quieras: un día a la semana, en clases de 2 horas y en horario de mañana y tarde. Solo necesitas ganas de aprender y disfrutar.

Por último, como miembro del club podrás disponer de un espacio donde ensayar tus presentaciones y beneficiarte de un 5% de descuento en los cursos y talleres de la Escuela.

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La forma de utilizar tus manos al hablar repercute en tu credibilidad

A la hora de hablar en público, comunicar y convencer debe convertirse en un valor diferencial. Cuando hablamos, nuestras manos dibujan nuestras palabras en el aire, apoyando nuestra entonación y favoreciendo la concentración de la mirada del público.

¿QUÉ DICEN TUS MANOS DE TI?

  1. Manos en MOVIMIENTO

Reafirman la intensidad del contenido

Refuerzan tu credibilidad

  1. Manos INMÓVILES, CRUZADAS O CERRADAS

Reducen la fuerza de convicción

Te restan credibilidad

Denotan que te encierras en ti mismo

  1. Manos con las PALMAS ABIERTAS, transmitirás:

Generosidad

Comunicación abierta y positiva

Honestidad

Seguridad y confianza

Ganas de compartir con el público

Las manos deben apoyar nuestra comunicación. Pero ten en cuenta que, del mismo modo que el resto de tus gestos, son una expresión de tus emociones. Aprender a controlar los gestos debe ir acompañado de un manejo de las emociones para que exista armonía y la comunicación fluya con naturalidad. Cuanto más tranquilo estés y más centrado en el aquí y ahora de la comunicación, más firmes y creíbles serán tus gestos.

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¿Protagonista o víctima? ¿Qué dice tu mirada?

En una reunión, una negociación, ante un auditorio, impartiendo formación… ¡Tu mirada habla! Es en el momento en que como orador te sitúas como víctima o como protagonista en la comunicación interpersonal, la comunicación con el equipo y la comunicación pública. Por eso, aprender a crear el ambiente adecuado para establecer comunicación es fundamental para presentar argumentos con eficacia y credibilidad.

MIRADA DE VÍCTIMA

Si percibes la situación como una amenaza, puede que tu mirada adopte alguna de estas formas:

  • Huidiza como la de un niño miedoso. Mirando al frente o al público en general.
  • Cambiando rápidamente de una persona a otra. Transmite inseguridad.
  • Entrecejo fruncido, protegiendo el miedo detrás de la tensión de la cara.

MIRADA DE PROTAGONISTA

  • Reparte la mirada por orden y no te dejes a nadie, en caso de que sea una reunión o negociación. Asegúrate de dar importancia a todos los asistentes.
  • Cuando hables en público ante un gran auditorio y no puedas mirar a todos, reparte la mirada por zonas:
    • La parte central
    • Los laterales
    • Las primeras filas
    • Las últimas filas
    • No fijes la mirada en una persona concreta o en grupo de personas. En un auditorio pequeño, asegúrate de mirar a todos los asistentes.

Y recuerda: Todo el mundo necesita conectar con la mirada del que habla para sentirse involucrado. Descubre más técnicas en www.escuelacomunicando.com

Vencer el miedo a hablar en público cambiando tus pensamientos

¿Eres CEO? Necesitas comunicar bien. Has trabajado duro para llevar adelante tu proyecto, te has preparado, has tomado riesgos… Como se suele decir, “has echado toda la carne en el asador”. Ahora llega el momento de dar a conocer tu proyecto, vender tus productos o servicios, tu empresa,  en diferentes  ámbitos y escenarios. En muchas ocasiones esto significa tener que hablar en público y para algunas personas esto supone un auténtico calvario, aparece lo que llamamos el miedo escénico, que algunas veces se refleja mediante nervios, temblores, movimientos diversos del cuerpo, sudoración, volumen bajo… Un amplio repertorio de síntomas y otras veces ni siquiera eso, porque se evitan las situaciones que supongan enfrentarse al público. Escapando de la situación, efectivamente, te librarás de pasar ese mal rato, pero también perderás una gran oportunidad de dar a conocer al mundo lo que hacemos. ¿Para qué te sirve trabajar tan duro si después no te das a conocer?

Hablar en público es algo que puede hacer cualquiera. Para vencer tus miedos, solo tienes que cambiar la manera en la que afrontas la situación y sustituir tus pensamientos negativos, que te limitan, por otros positivos, que te potencien.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos erróneos:

1. Me siento un impostor. Esto de hablar en público no está hecho para mí, hay quien tiene ese don, pero no es mi caso, yo no he nacido para esto. ¡Error! Hablar en público no es un don con el que se nace, es una habilidad que se entrena.

2. Tener expectativas de fracaso: “Me va a salir mal, me voy a quedar en blanco, me voy a equivocar, no les va a gustar…” ¿En qué te basas para creer eso? ¿De qué te sirve pensar así? Si vas a utilizar tu imaginación para “adivinar” lo que va a suceder, imagina en positivo y ¡verás cómo cambia tu estado de ánimo!

3. El público es “el enemigo” y me va a juzgar. El público no está ahí para juzgarte, está ahí para escuchar lo que les has dicho que les ibas a contar. Céntrate en darles lo que buscan, ¡piensa más en ellos y menos en ti!

4. Si algo falla, he fracasado. Si algo no sale como esperabas, tómatelo como una oportunidad para aprender y hazte la siguiente pregunta: ¿Qué quiero hacer de forma diferente la próxima vez para que el resultado sea satisfactorio? Ponte objetivos específicos y medibles y ¡ve a por ellos!

Y sobre todo, entrena, entrena y entrena… Como dice la famosa frase de la película “El exótico Hotel Marigold”: “Al final, todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final”.

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Consejos para calmar la ansiedad antes de hacer una presentación en público

La situación económica actual propicia que nos encontremos en un momento de reinvención y reciclaje profesional. Esto hace que las funciones de algunas personas dentro de la empresa cambien o se amplíen y tengan que incorporar a sus tareas habituales un nuevo rol: el comercial. Tanto si la relación con los clientes es nueva para ti como si tu puesto habitual es de comercial, saber hablar en público con soltura es un claro valor añadido a tu profesión.

Sin embargo, presentar los productos o servicios de tu empresa delante de un auditorio puede que te genere ansiedad, muchos nervios o miedo escénico. Si es tu caso, aquí tienes algunos consejos para calmar la ansiedad:

  • Antes de comenzar a hablar, o cada vez que pienses en el evento con ansiedad, respira profunda y lentamente, llevando el aire al abdomen, hasta que notes cómo te vas relajando.
  • Relaja los músculos, muévete y suelta tensiones.
  • Abre y cierra la boca y muévela de lado a lado para quitar tensiones de esa zona. Si eres de los que pone la tensión en la mandíbula, tus labios tenderán a juntarse y esto puede perjudicar a la vocalización, a la proyección de la voz y a la sonrisa.
  • Sonríe. Sonreír no solo te hará sentir mejor, sino que además te ayudará a eliminar pensamientos negativos. ¡Además, le estarás diciendo a tu cerebro que todo va bien!
  • Bebe agua antes de empezar. Tu nivel de ansiedad disminuirá.
  • Y, sobre todo, prepárate lo que vas a decir y ensáyalo una y otra vez. Cuanto más te lo prepares y lo ensayes, más seguro te sentirás.

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