Cómo afrontar conversaciones difíciles

A menudo nos encontramos con que tenemos que decir algo que nos pone nerviosos o nos bloquea. Puede que incluso evitemos tener una conversación por miedo a ciertas consecuencias: no agradar, recibir críticas, rechazo, que otros se enfaden o se sientan mal.

Sin embargo, rehuir una conversación no te va a aportar nada, más bien lo contrario: es bastante fácil que la situación se estropee todavía más.

En otras ocasiones es posible que quien inicie la conversación no seas tú, sino que sea otra persona la que se acerque a ti para manifestarte su descontento, enfado, o comunicarte cualquier situación delicada.

Comunicación

¿Cómo actuar cuando se plantea una de estas dos situaciones?

Si la conversación la vas a iniciar tú

  1. Piensa bien cuál es el objetivo de la conversación y enfócate en él. ¿Quieres reconciliarte? ¿Quieres comunicar algo? ¿Quieres pedirle a la otra persona que corrija un comportamiento o que haga algo? Piensa bien qué quieres obtener de esa conversación y no te olvides de tu objetivo. Es fácil que si no lo tienes claro, te pongas a hablar de esto y de lo otro y la conversación se desvíe.
  2. Selecciona cuidadosamente las palabras que vas a decir a tu interlocutor. Si hablamos de alguna situación delicada, crítica o reproche, asegúrate de hablar de las conductas y no de las personas. Cuenta cómo te afecta la situación y deja un espacio para que el otro intervenga y se explique. No des por hecho que tú tienes “la verdad” o la razón. Habla haciéndole ver a la otra persona que su punto de vista es tan valioso como el tuyo.
  3. Ensaya si es necesario. Hay conversaciones que se nos hacen especialmente cuesta arriba por lo duro de su contenido. Un despido, por ejemplo, o una ruptura, o comunicarle a alguien que no es el elegido. Una vez que tengas claro y bien interiorizado tu objetivo y pensado bien lo que quieres decir y cómo decirlo, ensaya todas las veces que necesites para que a la hora de la verdad tus palabras fluyan con mayor facilidad y puedas tener la tranquilidad necesaria, aunque tengas cierto nivel de nerviosismo.

Si la conversación la inicia otra persona

Cuando el contenido de la conversación sea sensible y te pille “fuera de juego”, escucha atentamente todo lo que te diga tu interlocutor y cítale para hablar en otro momento. En esa segunda ocasión estarás más preparado y enfocado para tener esa conversación. Si es necesario toma notas, separa hechos de emociones y es posible que tengas que volver a posponer la conversación para otra ocasión, por ejemplo, si tienes que hacer alguna comprobación antes de contestar. Más vale tomarte tu tiempo para ser lo más preciso posible en una conversación difícil que contestar lo primero que te pase por la cabeza, que podría estropear todavía más la situación.

Comunicación escrita en las reuniones

Una reunión es una herramienta de comunicación y por tanto es fundamental que la utilicemos bien. Si queremos tener reuniones eficaces y productivas, tenemos que dedicar el tiempo necesario a su preparación y utilizar adecuadamente las herramientas escritas.

Existen tres fases en una reunión desde el punto de vista de la comunicación escrita:

  1. Fase de preparación, en la que pensaremos en los objetivos y utilizaremos un acta y un orden de día
  2. Fase de desarrollo, en la que la toma de notas es imprescindible
  3. Fase de finalización, en la que redactaremos un acta y en algunas ocasiones, una evaluación

Reunión de trabajo

Fase de preparación

En esta fase las claves son:

-Pensar en los objetivos de la reunión

  • Qué quieres conseguir y para qué
  • Dónde se va a celebrar
  • Cuándo va a tener lugar
  • Quiénes van a intervenir
  • Cómo vas a organizarla
  • Cuánto tiempo es necesario dedicar

-Una vez que tengas esto claro, prepara una convocatoria, pensando siempre en los convocados y en la información que necesitan saber. ¿Para qué son convocados? ¿tienen que preparar alguna información?

-Hazles saber por qué es importante su participación, anímales a intervenir y que les quede claro qué esperas de ellos y convócales con tiempo para que se puedan organizar

  • Incluye en la convocatoria un orden del día, que incluya:
  • Temas a tratar y documentación necesaria
  • Duración de la reunión y de cada tema a tratar
  • Asistentes
  • Motivo

Fase de desarrollo

En esta fase es importante la toma de notas de los acuerdos alcanzados, los temas que quedan pendientes y los planes de acción resultantes.

Fase de finalización

Acta

-Enviamos a los asistentes el resumen con los acuerdos alcanzados y los planes de acción resultantes, incluyendo quién hace qué y los plazos definidos
-El acta tiene que ser corta y precisa

Evaluación

En ocasiones será muy útil evaluar la calidad de la reunión para poder mejorar la calidad de la misma.

Estos son los aspectos a valorar:

¿Ha estado bien dirigida?

¿Se han cumplido los objetivos?

¿Ha estado bien organizada en cuanto a tiempos, lugar, etc?

¿Ha funcionado bien el grupo?

Aunque lo más importante para que una reunión sea eficaz es que quien la dirige sepa liderarla de forma adecuada, es esencial que la comunicación escrita sea de calidad para que la reunión sea exitosa de principio a fin.

Cómo sacar el mejor partido a tu voz

Según Albert Mehrabian, el 38% del peso de la comunicación recae sobre el uso que hacemos de nuestra voz. Es decir, que si sabemos utilizar nuestro lenguaje paraverbal de forma adecuada, podemos llegar mucho más a nuestros interlocutores, transmitiendo nuestras ideas tal y como queremos, consiguiendo nuestros objetivos de comunicación.

Hoy os dejamos unas pautas para que podáis practicar y darle mayor fuerza a vuestros discursos.

Pero veamos primero cuáles son las cualidades de la voz:

El timbre. Es el sonido característico de la voz de cada persona. Cuando oyes hablar o cantar a alguien y sabes quién es, es porque reconoces su timbre.

El tono. Depende de la vibración de las cuerdas vocales y hace que nuestra voz suene más aguda o más grave.

El volumen. Se trata de la intensidad con la que emitimos los sonidos.

La duración. El tiempo que las cuerdas permanecen vibrando. Depende del aire que podamos expulsar durante la emisión del sonido.

Existe una rama de la lingüística que se ocupa del acento y las entonaciones llamada prosodia. Veamos algunos recursos prosódicos que podemos utilizar en nuestras comunicaciones para lograr que sean más efectivas.

  • Varía la entonación, subiendo y bajando, como en una escala musical
  • Mantén el mismo sonido al final de las frases, vigila que no vayas bajando de volumen, que se escuche bien lo que dices de principio a fin
  • Juega con la velocidad, alarga algunas sílabas y pronuncia otras a más velocidad
  • Haz pausas que enfaticen lo que acabas de decir o que hagan poner la atención en lo que vas a decir a continuación. Puedes hacer pausas más largas y más cortas, eso te ayudará también a mejorar la entonación
  • Repite algunas palabras para enfatizar. Por ejemplo: “Nunca, nunca, pero nunca…”
  • Vigila tu dicción y vocalización. Procura que suenen todas las letras de cada palabra que digas

Comunicar con la voz

Saber utilizar la voz de forma efectiva es una habilidad y, como todas las habilidades, requiere de entrenamiento para poder desarrollarse. Así que si quieres que te salga de forma natural, practica con regularidad y constancia, leyendo en voz alta, por ejemplo, o utilizando estos recursos prosódicos en tus conversaciones o exposiciones. En definitiva, en todas las situaciones que puedas. Cuanto más practiques, mejor te saldrá.

Claves para comunicar tu proyecto

Tal vez estés pensando en emprender, tengas un proyecto en mente o acabes de empezar con él. Tal vez ya hayas empezado hace un tiempo, tú sabes que tu producto o tus servicios son excelentes, pero no acabas de despegar. Una de las razones puede ser que no estés llegando a tu público objetivo a causa de una comunicación poco efectiva.

Hoy te vamos a dar algunos consejos para comunicar con efectividad tu proyecto en diferentes ámbitos y escenarios. Hablamos de comunicación interpersonal, es decir: ponencias, conversaciones, reuniones, presentaciones… Sea cual sea el formato en el que vas a exponer tus ideas, productos o servicios, ten en cuenta estas pautas y seguro que logras resultados:

  1. Piensa en lo que quieres conseguir de la situación. Si es una reunión, o una ponencia, por ejemplo, ten claro cuál es tu objetivo. ¿Qué quieres que pase a continuación? Que te llamen, que te hagan preguntas, que visiten tu web, ofrecer una imagen profesional, destacar los beneficios de tu producto… Un error muy común es querer vender inmediatamente, en una ponencia o en una reunión, e ir demasiado “a saco”. Tú tienes unos objetivos, sí, pero es muy importante que tengas en cuenta que tu interlocutor o interlocutores también los tienen, por eso…
  2. ¿Con quién estás hablando? ¿Qué quiere esa persona o personas y para qué? Conoce lo máximo que puedas de las personas a las que estás hablando y adapta el mensaje a ellos. A veces me encuentro con personas que quieren contar tantas cosas que llenan a sus interlocutores de información y les abruman con tanto dato, sin darse cuenta de que tal vez sus necesidades se cubran con un porcentaje pequeño de los conceptos enumerados.
  3. Mira a todos los asistentes. En una reunión o ante un aforo pequeño, asegúrate de que estás mirando a todas las personas que están allí presentes, sin olvidarte de ninguna. Proyectarás una imagen de seguridad, además de involucrar a tu audiencia.
  4. Prepara bien tu mensaje. Piensa por dónde vas a empezar, qué estructura le vas a dar, qué ejemplos vas a poner y qué posibles objeciones o preguntas pueden hacerte.
  5. Cuida tu lenguaje no verbal y tu voz. Transmite seguridad y convencimiento en tu mensaje, sin ser agresivo. Gestos y voz firmes, pero no bruscos. No te olvides de sonreír.

Y por último, ten muy claros los beneficios de tu proyecto y el valor que aportas. Si tú crees en él y te concentras totalmente en comunicar tu mensaje con pasión, seguro que involucras a los demás. ¡Ánimo!

Supera tu miedo escénico a través de la visualización

Miedo a hablar en público

Cuentan que Michael Phelps, ahora prestigioso nadador con varias medallas de oro olímpicas a sus espaldas, era un niño muy inquieto. Aconsejaron a sus padres que le buscaran una actividad para canalizar su hiperactividad y lo apuntaron a natación. Su entrenador enseguida se dio cuenta de que tenía muchas cualidades y podía llegar lejos en la natación.

Pero Phelps se estresaba mucho en las competiciones y no podía tranquilizarse  antes de las carreras, se ponía muy nervioso. Entonces su entrenador le enseñó la poderosa técnica de la visualización.

Le dijo que todos los días se visualizara nada más despertarse por la mañana y por la noche al acostarse. Y le explicó cómo hacerlo:

Se trataba de cerrar los ojos y empezar a “verse” saltando a la piscina, a cámara lenta, nadando, incluyendo el máximo de detalles visuales posible: los colores, los objetos, el agua, sus músculos moviéndose, cómo daba la vuelta y cómo llegaba hasta el final. Incluyó también sonidos: su respiración, el murmullo del agua… y sensaciones: su respiración, el tacto del agua sobre su piel, los latidos de su corazón. En definitiva, el máximo de detalles posible incluyendo el canal visual, el auditivo y el kinestésico, “verse” de la forma más realista posible, pero, eso sí, siempre en positivo, tal y como quería que sucediera.

Phelps repitió la visualización miles de veces en su mente hasta llegar al punto de que en las carreras no pensaba. Simplemente seguía un programa. Se había  programado para ganar. Tanto es así que una de sus medallas de oro la ganó a ciegas. Se tiró a la piscina y sus gafas se rompieron, pero se había visualizado tantas veces que no le hizo falta ver. Nadó tal y como estaba programado en su mente, con los ojos cerrados, sabía cómo tenía que hacerlo, y ganó.

De la misma manera que Michael Phelps consiguió semejante logro en la natación, tú puedes conseguir vencer tu miedo escénico visualizándote todos los días hablando en público con éxito, tal y como te quieres ver. Imagina el lugar en el que vas a hablar, visualiza el público, a ti mismo moviéndote en el escenario, escucha tu voz sonando firme y segura, siente cómo disfrutas con tu ponencia… y repite la visualización una y otra vez hasta que tu mente quede programada.

Verás cómo vences tu miedo escénico, gracias a que:

  1. Te estarás programando para conseguir lo que quieres que ocurra y no lo que no quieres.
  2. Como verás en tu mente que es posible, tendrás cada vez más motivación para lograrlo.
  3. Pondrás el foco en lo que quieres conseguir, eliminando distracciones.
  4. Prepararás tu mente para reaccionar ante los imprevistos.
  5. Verás lo que sí puedes hacer, en lugar de sufrir por lo que crees que no puedes.

El miedo es una emoción y superarlo es una decisión. Empezarás a vencer tu miedo escénico en el momento en el que decidas hacerlo. Si desde hoy mismo empiezas a visualizarte verás como cada vez estás más cerca de tu meta de disfrutar hablando en público.

El arte de persuadir

Hay quienes escuchan la palabra “persuadir” e inmediatamente lo asocian a ideas de manipulación, engaño o trampa. Pero cuando hablamos de utilizar una comunicación persuasiva no tenemos por qué pensar con esas intenciones, ni mucho menos, sino en utilizar las técnicas y herramientas adecuadas para explicar los beneficios de nuestros productos y servicios o de los proyectos e ideas que queremos contar a nuestros interlocutores.

Son muchas personas las que estarían encantadas de dominar el arte de la persuasión: ya seas comercial, divulgador, investigador, profesor o cualquiera que sea tu profesión. ¿Te gustaría hacer llegar tus ideas a otros de una forma convincente y transmitirles la importancia de aplicar las soluciones que propones, que inviertan en tu proyecto o te compren un producto, por ejemplo?

El arte de persuadir

Si es tu caso, aquí te dejamos algunas claves:

  1. Busca la conexión emocional con el otro. Las personas más persuasivas suelen tener un alto nivel de inteligencia emocional, saben empatizar con los demás y detectar sus valores y necesidades.
  2. Practica la escucha activa. Escucha a tus interlocutores con los cinco sentidos. Deja a un lado por un momento tus opiniones, gustos e intereses y vuelca toda tu atención en comprender cuáles son los de los demás intervinientes en el momento comunicativo.
  3. Cuida tu lenguaje. Utiliza un lenguaje que facilite, que posibilite, que proporcione soluciones y sobre todo, que “conecte” con las personas con las que hablas. Si te has interesado por ellos y sabes escucharles atentamente, te resultará más fácil hablar “su mismo idioma”.
  4. Ponle entusiasmo. Que no haya duda de que crees en lo que dices y te apasionas por ello. Sé entusiasta con tus palabras, tu lenguaje no verbal y con las entonaciones de tu voz.
  5. Muestra seguridad y convicción. Recuerda: persuadir no es engañar, ni manipular ni “dar coba”. Si tienes claro eso y tienes claras tus ideas, mostrarás esa convicción necesaria.
  6. Fórmate. Estamos hablando de habilidades comunicativas. Para desarrollar tus habilidades es importante el entrenamiento, pero conociendo la técnica. Busca profesionales que te ayuden a practicar la escucha activa, a utilizar el lenguaje de forma adecuada, a detectar valores en tus interlocutores y a manejar todas las técnicas necesarias para convencer y persuadir. En escuelacomunicando.com te preparamos para ello.

¿Te animas?

Pánico escénico y actitud

En la Escuela Comunicando hemos formado a más de 2000 alumnos en el arte de la oratoria. Cientos de particulares y profesionales, cada uno con sus objetivos a la hora de aprender a hablar en público. Hay quien, cuando viene a la Escuela, busca técnica corporal, hay quien quiere aprender a diseñar sus mensajes de una forma más atractiva, hay quien quiere mejorar su lenguaje paraverbal y están quienes, además de todos esos objetivos o parte de ellos, quieren quitarse de encima el miedo escénico que sufren. El 80% aproximadamente de las personas que vienen a nuestros cursos pertenecen a este último grupo: quienes quieren superar su miedo escénico.

¿Sabías que el miedo escénico está formado por pensamientos que tú mismo alimentas? Esos pensamientos nacen de las creencias que tienes sobre lo que supone el hecho de hablar en público y esas creencias vienen de un conjunto de información que tu cerebro ha filtrado previamente por cosas que has leído, lo que llevas oyendo desde hace mucho tiempo y alguna experiencia negativa que hayas podido vivir.

Miedo a hablar en público

De acuerdo, puede ser que en una o varias ocasiones lo hayas pasado mal hablando en público, pero tú decides si ese es el final del camino como ponente o solo el principio.

De tus creencias nace tu actitud, que puede ser de inferioridad, de superioridad o de igualdad y equilibrio frente al público.

Tener una actitud de superioridad frente al público no significa tener seguridad en uno mismo. Quienes adoptan esa actitud, juegan un falso rol para disfrazar sus inseguridades. Además, a través de sus gestos, movimientos corporales y expresiones transmitirán prepotencia, arrogancia o desafío. Hay cierta parte del público que admira este tipo de actitudes, por lo tanto, no podemos afirmar que sea un estilo de comunicación ineficaz, aunque habrá parte del púbico a la que no le gustará o le producirá rechazo.

Quien por el contrario, se siente inferior al público, por lo general no conseguirá una comunicación efectiva, puesto que su postura corporal, sus movimientos y su voz serán de retraimiento y de autoprotección. Con esta actitud no se busca llevar el mensaje hacia el público, sino protegerse de él.

La actitud de quien se considera igual que el público, ni más ni menos, es la que va a conseguir la comunicación más eficaz. Una persona que confía en sí mismo y en el público y tiene claro que está ahí para hacerles llegar su mensaje, sin temerles y sin querer demostrar nada, va a hablar con soltura y naturalidad. Y antes de la puesta en escena preparará con responsabilidad su ponencia sin ponerse límites, solo objetivos.

¿Puede que haya nervios al comenzar? Puede. Pero pasarán. Un orador seguro de sí mismo puede estar nervioso. No es incompatible.

Lo importante es la actitud con la que afrontes la situación.

Contesta ahora a esta pregunta:

Hablar en público, ¿es una amenaza o una oportunidad para ti?

Seguramente quieres hablar en público para aprobar un examen, exponer tu proyecto, conseguir que te voten, o que te compren. En cualquier caso, siempre va a ser una oportunidad para ti para mostrar una buena imagen de tus productos, servicios y/o tuya propia.

Te hacemos, entonces, la siguiente pregunta:

¿Qué quieres hacer con esa oportunidad?

Puedes desperdiciarla dedicándote a hacer caso a tus pensamientos boicoteadores de siempre, poniéndote límites, o bien puedes aprovecharla y ponerte objetivos.

¡Tú decides!

Conseguir hablar en público con soltura, como todo en la vida,  no solo es una cuestión de habilidades y conocimiento, es también una cuestión de actitud.

Tú puedes cambiar tu actitud cambiando tus creencias. Es algo que hacer sin ayuda es difícil, pero a través de las técnicas de coaching y con el apoyo de los profesionales preparados para aplicarlas puedes lograrlo.

Estamos comenzando año nuevo, es un momento perfecto para tus nuevos objetivos.

¡Vence tus miedos a hablar en público y disfruta del poder de saber expresarte!

Fórmulas para despedirte

Lo hemos comentado en varias ocasiones: todo lo que hacemos comunica. De ahí que sea tan importante tomar conciencia de nuestra comunicación y de cómo nuestra actitud, nuestros gestos y nuestras palabras afectan a nuestras relaciones y a la imagen que los demás tienen  de nosotros.

Despedirse es un momento importante de la comunicación. Es la guinda, el broche final con el que podemos reafirmar la imagen que hayamos proyectado durante una conversación, emborronarla o mejorarla todavía más.

Veamos algunos ejemplos de despedidas. ¿En qué medida crees que ayudan a reforzar tu imagen?

Te proponemos algo: Pon a cada forma de despedirse una nota del 0 al 10 y decide tú mismo.

En conversaciones informales

  1. Bueno, pues nada, hasta luego
  2. Bueno, ya nos veremos
  3. Hala pues, hablamos
  4. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

En reuniones

  1. Bueno, pues esto es todo
  2. Nada más por hoy
  3. Mañana más
  4. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

En charlas o ponencias

  1. Esto es lo que os quería contar, espero que os haya gustado
  2. Nada más
  3. Hasta aquí lo que quería deciros
  4. Y esto es todo
  5. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

Aquí te dejamos algunas fórmulas que te pueden ayudar a que tu comunicación sea más eficaz e impactante.

En conversaciones informales

  1. Me ha encantado compartir contigo este rato
  2. Gracias por la cerveza y la charla
  3. Gracias por esta conversación tan agradable
  4. … Añade las que consideres. ¡Utiliza tu creatividad!

En reuniones

  1. Reformula los acuerdos a los que hayas llegado y di después “Muchas gracias” Por ejemplo: “A partir de ahora, entonces, utilizaremos la puerta A y la B, dejando la C para otros compañeros. Muchas gracias”
  2. Utiliza palabras clave para motivar, por ejemplo. “A partir de ahora, ilusión y ganas en todo lo que hagamos. ¡Adelante!”
  3. Reformulación de acuerdos, como en el punto 1, pero incluyendo los nombres de los implicados. Por ejemplo: “Pedro hará A, Pilar hará B y yo haré C. Muchas gracias”
  4. Una despedida similar, pero con los nombres de cada sección o departamento de la empresa. “El departamento de logística se encarga de A, el de marketing de B… Muchas gracias”

En charlas o ponencias

  1. Busca una cita impactante de alguien relacionado con la idea que quieres transmitir y después di “Muchas gracias”, sin añadir nada más.
  2. Deja a tu público una pregunta en el aire para que les suponga una reflexión impactante y añade después “Muchas gracias”
  3. Empieza y termina de la misma manera: La misma frase, cita o pregunta al inicio y al final, especialmente cuando en el desarrollo busques demostrar la validez de tus planteamientos o ideas. Después añade “Muchas gracias” y nada más.
  4. … Añade las que consideres. ¡Utiliza tu creatividad!

Obsérvate, escúchate a ti mismo en cada situación y piensa en qué medida las fórmulas que utilizas en cada ocasión te acercan a tus objetivos. Y si consideras que te vendría bien algún cambio, ¡hazlo! No te preocupes si más adelante prefieres volver a revisar tus fórmulas para despedirte. La capacidad para comunicarnos es una habilidad y, como todas las habilidades, requiere de tiempo y pasos recorridos para ser desarrollada.

Ánimo y mucho éxito en tus comunicaciones.

 

¿Te atreves a decir lo que piensas?

A la mayoría de las personas nos gusta caer bien, nos importa cómo nos ven los demás, en mayor o menor medida. Los problemas vienen cuando eso se convierte en un asunto prioritario y nos importa más quedar bien que decir lo que pensamos. Hablamos de situaciones en las que no nos atrevemos a discrepar, a decir que no, a manifestar nuestra opinión…en definitiva, a poner ciertos límites a los demás en situaciones en las que nos pueden invadir.

Y con invadir queremos decir que el otro acabe imponiéndonos su punto de vista y decida por nosotros lo que hay que hacer, lo que está bien o lo que está mal, lo que hay que decir… Pero ¡cuidado! No te victimices. Nadie te obliga a hacer nada, por muy agresiva que sea su postura: eres tú quien toma sus propias decisiones. Y si tu decisión es decir amen, mostrarte de acuerdo, decir “sí” para quedar bien en ese momento, las consecuencias que lleguen después son para ti, son tuyas.

Veamos algunas de esas consecuencias a las que podrías tener que enfrentarte:

  • Reclamaciones por promesas incumplidas. Por no decir no y querer quedar bien en ese momento, resulta que vas a quedar fatal. Poner excusas constantemente no funciona: la gente se da cuenta y es posible que te reclamen o, lo que es peor, que no te digan nada pero no te tomen en serio cuando hables.
  • Desequilibrio en las relaciones. Si intentas agradar a todo el mundo todo el rato, otorgarás a los demás ciertos derechos sobre ti. Recuerda que eres tú quien decide qué hacer en cada momento.
  • Resentimiento: Poco a poco irás generándolo hacia los demás, porque consideras que haces demasiadas cosas por ellos. Puede que les juzgues y pienses “No debería decirme esto, no debería pedirme aquello”.
  • Expectativas de merecimiento: Si no sabes decir no, probablemente reaccionarás mal cuando te den un no por respuesta. Habrás generado una serie de expectativas sobre lo que los demás deberían hacer por ti que, de no cumplirse,  te provocarán más frustración y resentimiento.

Te proponemos una reflexión: ¿Realmente te merece la pena intentar quedar bien con todo el mundo? ¿Qué beneficios obtienes de hacer eso?

Aquí te dejamos una lista de beneficios que obtendrás cuando decidas poner límites y decir claramente lo que piensas.

  1. Cuando empieces a hacerlo, tu nivel de satisfacción aumentará y, en consecuencia, tu autoestima.
  1. Tu nivel de paz aumentará, no estarás preocupándote por qué decir ni culpabilizándote por haber contribuido a tu pérdida de dignidad.
  1. Serás cada vez más extrovertido, ya no habrá miedo a expresarte.
  1. Aunque tú pienses lo contrario, ganarás en popularidad. Los “bienqueda” a menudo son vistos como gente sin personalidad, personas en las que no se puede confiar, porque todo lo que dicen es para quedar bien.

¡Te animemos a que pruebes y nos lo cuentes!

Cómo convertirte en un buen orador

Es muy habitual admirar a otras personas cuando hablan en público. Tal vez te fijes en ellos, te fascine cómo se mueven en el escenario, te hagan sentir diferentes emociones o te cautive su voz y puede que pienses que tú nunca podrás hacer lo que hacen ellos. Consideras que no eres un buen orador, que no has nacido para esto, que lo de hablar en público es para otros.

Sin embargo, hablar en público es una habilidad que se entrena, así que llegar a ser un buen orador no es tan difícil como crees: puedes entrenar y puedes empezar a hacerlo ahora mismo. Eso sí, sin compararte con nadie: solo compárate contigo mismo. Es la manera ideal de medir tu progreso.

Hoy te dejamos unas pautas para que puedas planificar tu entrenamiento como orador:

  1. Ten a mano una lista de las cualidades que tiene que tener un buen comunicador para hablar en público. Aquí te indicamos las principales:
  • Control de la postura corporal: espalda erguida, hombros hacia atrás, pies firmemente apoyados en el suelo.
  • Manejar gestos que acompañan el discurso: brazos separados del cuerpo y palmas de las manos abiertas.
  • Expresión facial: sonrisa y mirada a todo el público.
  • Preparación del mensaje: tener claros los objetivos y darle una buena estructura.
  • Tener un léxico amplio y aptitudes para argumentar.
  • Una buena dicción.
  • Entonación variada.
  • Voz firme y bien proyectada.

También puedes elaborar tu propia lista con las características que más te gusten de tus ponentes favoritos.

  1. Ponte una calificación para cada una de las cualidades, del 0 al 10, por ejemplo.
  1. Decide por dónde quieres empezar y qué vas a hacer para subir el nivel de cada cualidad.
  1. Habla en público siempre que tengas ocasión y practica los puntos que te has propuesto.

Decir “me ha salido bien” o “me ha salido mal” es demasiado abstracto y no conduce al cambio. Márcate objetivos, entrena con constancia y regularidad, chequea tus niveles de vez en cuando y ¡verás como cada vez eres mejor orador!