¿Qué quieres conseguir cuando comunicas?

Hablar en público. Todos lo hacemos. En nuestro trabajo, en una reunión, frente a un auditorio. Pero también en nuestra vida diaria: con nuestra pareja, hijos, compañeros de trabajo o amigos. Por eso, cuando hablamos en público, sea en el escenario que sea, es fundamental ser conscientes de cuál es nuestro objetivo. Es decir, saber qué queremos conseguir con nuestra comunicación y qué queremos transmitir a la persona o personas con las que nos estamos comunicando.

Por ejemplo: Quieres mantener una conversación con tu hijo ya que no rinde en los estudios y le ves distraído. Lo primero que debes preguntarte es: ¿qué quieres conseguir si hablas con él? ¿Saber qué le pasa? ¿Demostrarle confianza? ¿Que estudie más? Si tienes claro tu objetivo, prepararás tu discurso adaptando los argumentos, buscarás las palabras adecuadas y evaluarás los posibles efectos y reacciones. En definitiva, a la hora de preparar esa conversación lo harás teniendo en cuenta la meta que te hayas fijado.

Cuanto más preciso sea tu objetivo, más fácil te resultará lograrlo. De lo contrario, si no sabes cuál es la finalidad de tu discurso, cualquier resultado será válido:

  • ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
  • No me importa mucho el sitio…
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes…

Alicia en el país de las maravillas

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No alimentes el temor

Ocupas un puesto de responsabilidad en la empresa, tienes un equipo de personas a tu cargo, reuniones importantes y, en ocasiones, presentaciones en público. En definitiva, diferentes situaciones, diferentes ámbitos y diferentes escenarios que tienen algo en común: tienes que comunicar y convencer. Sin embargo, llegado el momento, te vas sintiendo pequeño, te llenas de inseguridades y aparecen todo tipo de síntomas, algunos de ellos de tipo conductual, llegando incluso a posponer la situación o a evitarla, dejándole la responsabilidad a otra persona.

¿Te has parado a pensar que cuando haces eso estás regalando oportunidades?

Para vencer tu miedo escénico, comienza cambiando tu forma de plantearte la situación. No lo veas como una amenaza, sino como una oportunidad para comunicar tus ideas, compartirlas con quienes te oyen y convencer a tu público.
Puede que unos días antes de la exposición aparezca la ansiedad y lo empieces a pasar mal. ¿Qué puedes hacer ante esa situación? Pon freno a los pensamientos negativos. Aparecerán de forma automática y eso, si es lo que lleva ocurriendo toda tu vida, no lo vas a poder evitar. Pero sí puedes evitar creértelos y que continúen contigo. En cuanto aparezcan, toma conciencia de ellos, piensa que no te van a ayudar a conseguir tus objetivos y desvía tu atención hacia otro lado. ¿Hacia dónde? ¡Muy fácil! Hacia tu discurso. Repásalo de nuevo, visualízate exponiéndolo con seguridad y soltura. En definitiva, prepárate para el éxito, para comunicar y convencer: tu valor diferencial.

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