Glosofobia: el temor más compartido

El miedo es una respuesta física y mental que nos mantiene alerta cuando percibimos algún tipo de peligro. Es esencial para poder sobrevivir, ya que nos permite reaccionar: corremos si nos persiguen, saltamos si estamos a punto de caer, nos cubrimos el cuerpo si podemos ser heridos, etc. De forma inconsciente, nuestro cuerpo y mente se preparan para lo peor. Ante un riesgo de muerte el miedo nos puede salvar.

Pero… No siempre tenemos miedo ante una circunstancia de vida o muerte. El miedo también puede aparecer ante lo desconocido, cuando no controlamos alguna situación o cuando percibimos una amenaza. Cuando hablamos en público, por ejemplo, sentimos miedo al rechazo, al fracaso, al ridículo y el mayor de los temores: exponernos a un juicio ajeno.

El nombre de este suceso se conoce como glosofobia: miedo a hablar en público. En los años 90, en Alemania, se realizó el test de Trier. Este medía las constantes de un individuo al cual le solicitaban permanecer en una sala con una cámara y tres jueces. Estos últimos le pedirían prepararse un discurso en 10 minutos y exponerlo en cinco. Tras el discurso, el sujeto debía contar hacia atrás desde 1.022 hasta 13. Y repetirlo sucesivamente en caso de equivocarse. Todo ello mientras la cámara grababa el proceso. Los participantes en el test presentaron las mismas constantes que cuando percibimos un peligro tal como cruzar la calle con el semáforo en rojo mientras pasan los coches.

De la misma forma, la presión que ejercemos sobre nosotros mismos antes de exponernos al público, nos genera esta reacción física. Es, por ese motivo, que debemos desarrollar la capacidad de no juzgarnos a nosotros mismos antes de exponernos al juicio de los demás.

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Cómo preparar tu discurso ante un tribunal de oposición

¿Cómo preparo mi discurso? ¿Qué voy a decir? ¿Cómo lo voy a hacer? Son preguntas que nos surgen a la hora de hablar en público, habitualmente cuando comenzamos a trabajar en nuestro discurso. Es fundamental que te plantees todas las preguntas que se te ocurran para poder redactarlo de la mejor manera. Pero, antes de nada, la primera pregunta que debes responder es: ¿cuál es el objetivo de mi discurso? Es imprescindible fijar nuestra meta antes de la preparación.

Para diseñar tu objetivo piensa qué quieres conseguir, para qué, cómo, cuándo… Ten en cuenta que cuanto más concreto sea tu objetivo, más fácil te resultará alcanzarlo. Por otro lado, infórmate sobre tu público, en este caso los miembros del tribunal. Conocer su carácter, su actitud, sus preferencias, etc. Recuerda ser empático, mantener la escucha activa y adaptar tus argumentos a las preguntas que te realicen. Por último, ten claro el proceso de elaboración de tu discurso: definir el contenido de la oposición, la búsqueda de información, la preparación del discurso y la imagen que quieres proyectar al tribunal al inicio, durante y al final de tu presentación.

Así que, ya sabes, a la hora de hablar en público el paso previo a la preparación de tu presentación es diseñar el objetivo de tu discurso y no perderlo de vista.

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