La comunicación en tiempos de COVID

Ya estamos en septiembre y la #COVID-19 sigue con nosotros. Lo está revolucionando todo: la salud, la sociedad, la economía y también la comunicación.

En el ámbito de la sanidad, no solo ha sido devastador por la cantidad de personas fallecidas y enfermas, sino que tiene perplejo al sector sanitario por su forma irregular de actuar, afectando de forma diferente a los contagiados.

Socialmente nos está afectando muchísimo también: los viajes se han reducido a la mínima expresión, ya no podemos salir y relacionarnos como antes, ni en cantidad, ni en forma, ni en lugar, ni en tiempo, ni en calidad.

El asunto de la economía es tremendo. Miles de personas en paro, autónomos y pymes ahogados y ciertos sectores con un presente terrible y un futuro más que incierto.

¿Y a la comunicación? ¿De qué manera le afecta?

  • Distancia: Ya no hablamos de tan cerca, la comunicación kinestésica del roce, el susurro de cerca, los olores, los besos y abrazos, está prácticamente desaparecida.
  • Lenguaje no verbal: La mascarilla tapa la parte más expresiva de nuestra cara, que es la boca. A través de los microgestos que hacemos con la boca expresamos emociones y reacciones que ahora ya no se ven. Nos vemos únicamente los ojos y eso hace más difícil captar bien la expresión de nuestro interlocutor.
  • Lenguaje paraverbal: De nuevo la barrera de la mascarilla, esta vez afectando al sonido de nuestra voz. ¿Cuántas veces has tenido que repetir una frase porque no te habían oído bien? ¿Cuántas veces has pedido que te repitan lo dicho? Pero no solo afecta al sonido, también a las emociones transmitidas de forma auditiva. Ahora tenemos que tener más cuidado con las entonaciones y hacerlas suaves para que no se confunda elevar la voz con un tono enfadado.

En fin, que el virus está afectando a casi todos los ámbitos de nuestra vida, comunicación incluida. Y no solo afecta a los aspectos mencionados, también nos obliga al desarrollo de nuevas habilidades, ya que muchas de las comunicaciones que antes eran presenciales, ahora se producen de forma virtual a través de vídeo conferencias y muchas personas se encuentran perdidas ante esta situación, pues no saben cómo hacerlo.

Cursos de formación, reuniones, exposiciones comerciales ante clientes, formación interna… ¿Cuántas actividades de las que antes realizábamos cara a cara estamos llevando acabo ahora de forma virtual? ¿Cómo conseguir que sean igual de eficaces?

Aquí te dejamos algunos trucos:

  1. Observa lo que la cámara recoge: ¿qué hay en tu entorno?
  2. Ilumina bien el lugar desde el que hablas
  3. Prepara bien tus intervenciones
  4. Haz participar a tus interlocutores
  5. Prepara a los asistentes para que ocurra algo positivo
  6. No sueltes “rollazos” llenos de datos
  7. Vocaliza y cuida tus entonaciones
  8. Apoya tus palabras con las manos y con tu expresión facial

Si todavía no sabes cómo hacer todo esto de forma específica, ¡no desesperes! Ensaya una y otra vez y si necesitas ayuda, fórmate de la mano de profesionales que te darán ese empujoncito que te falta.

¡Ánimo!

La distancia social

En esta época, con la crisis del #covid19, estamos escuchando muchas palabras y expresiones que siempre nos recordarán a lo que estamos viviendo. Una de esas expresiones es “distancia social”.

En el ámbito de la comunicación, hablamos de cuatro tipos de distancia.

  • Distancia íntima: Es la que tenemos con las personas más cercanas, con aquellas con las que nos une una relación muy estrecha, como pueden ser nuestros mejores amigos, nuestra familia más cercana o la pareja. En esta distancia abrazamos, tocamos, nos enredamos, nos besamos. Cuando estamos a esa distancia con esas personas nos sentimos cómodos, estamos a gusto, nos proporciona paz, bienestar y felicidad. Nos expresamos libremente, no hay nada que temer, todo está en orden.
  • Distancia amistosa: Aquí ya nos separamos un poco más. No estamos hablando de intimidad, pero sí de cercanía. Esta distancia la guardamos con nuestros amigos menos íntimos, conocidos, compañeros de equipo, compañeros de clase, de trabajo. Incluso con aquellos con los que compartimos algún momento de celebración, aunque previamente no los conociéramos. Es una distancia de cercanía, donde el contacto es posible. Aunque no sean besos y abrazos constantes, sí podemos contactar en diferentes situaciones: celebrando un gol, la victoria del equipo, bailando en grupo o en pareja, sentados a la misma mesa en un bar, en una cena en casa de un amigo común, en la mesa de al lado de tu compañero de trabajo con el que tienes relación habitual y al que te puedes acercar en diferentes situaciones… Es decir, cuando guardamos la distancia amistosa, en ocasiones tenemos contacto físico los unos con los otros, en otras no, pero sabemos que lo podemos tener. En estas situaciones lo habitual es expresarnos libremente y de forma desinhibida en mayor o menor grado.
  • Distancia social: Esta es la distancia que mantenemos con aquellas personas con las que tenemos que “guardar las formas”: desconocidos, clientes, jefes, gente a la que saludamos por primera vez. Es posible el contacto, pero de forma muy controlada, desde más lejos y únicamente para darnos la mano al saludarnos, por ejemplo. Cada uno está en su sitio y ni queremos ni podemos ir más allá. No procede ni nos nace. Aquí ya no nos sentimos tan cómodos para comunicarnos en ocasiones, tenemos más en cuenta lo que queremos decir, medimos las palabras, las formas. Cuanto más lejos estamos de nuestros interlocutores, más incómoda se nos hace la comunicación en general.
  • Distancia pública. Yo soy el centro de atención, estoy lejos de mis interlocutores, no puedo contactar con ellos porque no están a mi alcance. Esta es la situación en la que más incómodos solemos sentirnos, sobre todo aquellos que tienen miedo escénico.

Distancia social

Pero hoy no vamos a hablar de la distancia pública, sino de la distancia social. ¿Qué ocurre en estos momentos en los que nos vemos obligados a guardar la distancia social con aquellos con los que habitualmente manteníamos una distancia amistosa o incluso íntima? Ahora no podemos tocarnos, besarnos ni abrazarnos, aunque tengamos algo que celebrar, aunque haga mucho que no nos veamos, aunque seamos familiares cercanos si hemos vivido separados durante la cuarentena… Vienen momentos en los que puede que nos sintamos incómodos, porque nuestra mente va asignar emocionalmente un espacio de comunicación a ciertos interlocutores que racionalmente sabemos que no debemos utilizar igual que antes. Vienen momentos de reprimir el instinto de acercarnos, de abrazarnos y de compartir de la forma en la que estábamos habituados hasta ahora. La última vez que nos vimos estábamos cerca, muy cerca. Pero la próxima vez que nos veamos tiene que ser de “lejos”, guardando esa distancia social. Eso probablemente afecte a nuestra forma de comunicarnos y a la comodidad con la que lo hagamos. Pero recuerda que es cuestión de que nuestros cerebros se habitúen, así que lo que al principio puede resultarnos una pequeña tortura, pronto será “lo normal”.

Pero, ¿realmente quieres contarle al público cómo te sientes si estás nervioso, inseguro o pasándolo mal? Probablemente, no. Seguro que lo que quieres es transmitir bien tus ideas, que el público disfrute con tu ponencia y que nada de lo que hagas desvirtúe tu mensaje y te aleje de tus propósitos.

Te indicamos cómo conseguirlo.

  1. No pienses en lo que te pasó aquella vez, ni en lo que van a decir después. Céntrate en el aquí y ahora, como en una conversación con tus amigos.
  1. Asegúrate de elevar la voz un punto más de lo habitual y de hacer pausas y silencios de vez en cuando para enfatizar tus palabras. Los gestos tienen mucho que ver con la utilización de la voz. A mayor firmeza y convicción en la voz, mayor facilidad de gestualización.
  1. Evita gestos agresivos, como llevar objetos en la mano que no vayas a utilizar (como un boli, botellas…), o señalar con el dedo. Sí, has leído bien, a nosotros no nos gusta la utilización del boli, aunque algunas personas por ahí lo aconsejan (¿basadas en qué?) Si utilizas un bolígrafo para hablar en público, si no vas a escribir nada, enviarás mensajes agresivos a la audiencia, aunque los reciba de forma no consciente. Quienes justifican su utilización, suelen esgrimir argumentos del tipo “Así te sentirás más tranquilo, así sabrás qué hacer con las manos”. Esta es una perspectiva, a nuestro juicio, del todo inadecuada. Si quieres convertirte en un buen comunicador, una idea fundamental que tienes que tener siempre presente es que el protagonista es el público, y cuando te prepares una ponencia tienes que hacerlo pensando en ellos y no tanto en ti.

En resumen, esto es lo que tus gestos nos contarán de ti y de cuál es tu estado interno mientras hablas en público:

  • Mediante autocontacto, cierre de brazos y manos, cruce de brazos, automanipulaciones.
  • Superioridad, alto nivel de ego. Utilizando un boli y gestos autoritarios, como señalar con un dedo. También si te pones las manos en jarras.
  • Seguridad, comunicación equilibrada con el público: Brazos separados del cuerpo, gestos abiertos con las manos.

Si no te sale hacer esos gestos y no sabes cómo conseguirlo, pide ayuda para formarte o entrenarlo en nuestro curso de Hablar en público.