Cómo afrontar conversaciones difíciles

A menudo nos encontramos con que tenemos que decir algo que nos pone nerviosos o nos bloquea. Puede que incluso evitemos tener una conversación por miedo a ciertas consecuencias: no agradar, recibir críticas, rechazo, que otros se enfaden o se sientan mal.

Sin embargo, rehuir una conversación no te va a aportar nada, más bien lo contrario: es bastante fácil que la situación se estropee todavía más.

En otras ocasiones es posible que quien inicie la conversación no seas tú, sino que sea otra persona la que se acerque a ti para manifestarte su descontento, enfado, o comunicarte cualquier situación delicada.

Comunicación

¿Cómo actuar cuando se plantea una de estas dos situaciones?

Si la conversación la vas a iniciar tú

  1. Piensa bien cuál es el objetivo de la conversación y enfócate en él. ¿Quieres reconciliarte? ¿Quieres comunicar algo? ¿Quieres pedirle a la otra persona que corrija un comportamiento o que haga algo? Piensa bien qué quieres obtener de esa conversación y no te olvides de tu objetivo. Es fácil que si no lo tienes claro, te pongas a hablar de esto y de lo otro y la conversación se desvíe.
  2. Selecciona cuidadosamente las palabras que vas a decir a tu interlocutor. Si hablamos de alguna situación delicada, crítica o reproche, asegúrate de hablar de las conductas y no de las personas. Cuenta cómo te afecta la situación y deja un espacio para que el otro intervenga y se explique. No des por hecho que tú tienes “la verdad” o la razón. Habla haciéndole ver a la otra persona que su punto de vista es tan valioso como el tuyo.
  3. Ensaya si es necesario. Hay conversaciones que se nos hacen especialmente cuesta arriba por lo duro de su contenido. Un despido, por ejemplo, o una ruptura, o comunicarle a alguien que no es el elegido. Una vez que tengas claro y bien interiorizado tu objetivo y pensado bien lo que quieres decir y cómo decirlo, ensaya todas las veces que necesites para que a la hora de la verdad tus palabras fluyan con mayor facilidad y puedas tener la tranquilidad necesaria, aunque tengas cierto nivel de nerviosismo.

Si la conversación la inicia otra persona

Cuando el contenido de la conversación sea sensible y te pille “fuera de juego”, escucha atentamente todo lo que te diga tu interlocutor y cítale para hablar en otro momento. En esa segunda ocasión estarás más preparado y enfocado para tener esa conversación. Si es necesario toma notas, separa hechos de emociones y es posible que tengas que volver a posponer la conversación para otra ocasión, por ejemplo, si tienes que hacer alguna comprobación antes de contestar. Más vale tomarte tu tiempo para ser lo más preciso posible en una conversación difícil que contestar lo primero que te pase por la cabeza, que podría estropear todavía más la situación.

4 pasos para afrontar conversaciones difíciles

En ocasiones nos enfrentamos a conversaciones con un grado importante de intensidad emocional producida por el afecto que podemos sentir por la otra persona, por las posibles consecuencias que puedan tener nuestras palabras o, simplemente, por nuestra propia inseguridad.

El miedo y las emociones incitan a postergar esa conversación, convirtiendo ésta en una “conversación pendiente”, lo cual nos genera frustración, malestar e, incluso, dolor físico.

¿Cómo puedes afrontar esa conversación? Sigue estos 4 consejos:

  1. Prepáratela. Como todo discurso, requiere una preparación. Piensa cuál es el objetivo de esa conversación, anota las ideas clave que sí o sí quieres transmitir, piensa cómo lo vas a estructurar y cuida las palabras que vas a utilizar.
  1. Comenta en voz alta tus ideas, practica el inicio de la conversación, ponte en el lugar de la otra persona, observa si controlas tus gestos y ensaya el tono adecuado de tu voz.
  1. Pide consejo. Puede resultar muy útil obtener feedback de una persona que te ofrezca su punto de vista de forma objetiva. Coméntale cuál es tu objetivo al querer mantener esa conversación y léele tu discurso.
  1. Utiliza una comunicación asertiva. Habla en primera persona; habla de la conducta, no de la persona; ten en cuenta tu comunicación no verbal; mantén una postura relajada y, por último, incluye gracias y por favor.

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¿Cómo te comunicas contigo mismo?

Los diálogos internos son las conversaciones que tenemos con nosotros mismos. El lenguaje que utilizamos en nuestras conversaciones internas influye notablemente en nuestra forma de actuar y de afrontar las situaciones, así como en lo que nos sucede a partir de nuestros pensamientos. Las palabras crean nuestra identidad y determinan nuestro futuro.

Cuando nos comunicamos con los demás, estamos transmitiendo lo que pensamos sobre nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestra comunicación no verbal y paraverbal actuarán en función de los pensamientos que generemos en nuestra cabeza. Reflexiona sobre lo que te sucede cuando piensas que estás muy nervioso, que no te van a salir las palabras y que te vas a equivocar. Lo más probable es que, de tanto pensarlo, eso suceda.

Para modificar tus “monólogos” internos, ten en cuenta estas pautas:

  • Deja de generalizar: “Siempre me sale mal, todo el mundo habla mejor que yo, siempre me pongo nervioso…” Son generalizaciones.
  • Formula tus pensamientos en positivo: “Si me equivoco en la presentación, aprenderé de mis errores”. Permanece atento a las frases que empiezan por no. “No quiero tener miedo escénico” y cámbialas por frases que expresen lo que quieres: “Quiero sentirme más seguro cuando me comunico con los demás”.

Estas pautas te ayudarán a enfocarte en lo que quieres, a eliminar las distorsiones y a ver las situaciones que te suceden desde otro punto de vista. Además, irás adquiriendo un hábito de forma inconsciente que podrás aplicar en cualquier ámbito de tu vida.

Ten en cuenta que la calidad de tus pensamientos determina la calidad de tu vida.

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