4 pasos para afrontar conversaciones difíciles

En ocasiones nos enfrentamos a conversaciones con un grado importante de intensidad emocional producida por el afecto que podemos sentir por la otra persona, por las posibles consecuencias que puedan tener nuestras palabras o, simplemente, por nuestra propia inseguridad.

El miedo y las emociones incitan a postergar esa conversación, convirtiendo ésta en una “conversación pendiente”, lo cual nos genera frustración, malestar e, incluso, dolor físico.

¿Cómo puedes afrontar esa conversación? Sigue estos 4 consejos:

  1. Prepáratela. Como todo discurso, requiere una preparación. Piensa cuál es el objetivo de esa conversación, anota las ideas clave que sí o sí quieres transmitir, piensa cómo lo vas a estructurar y cuida las palabras que vas a utilizar.
  1. Comenta en voz alta tus ideas, practica el inicio de la conversación, ponte en el lugar de la otra persona, observa si controlas tus gestos y ensaya el tono adecuado de tu voz.
  1. Pide consejo. Puede resultar muy útil obtener feedback de una persona que te ofrezca su punto de vista de forma objetiva. Coméntale cuál es tu objetivo al querer mantener esa conversación y léele tu discurso.
  1. Utiliza una comunicación asertiva. Habla en primera persona; habla de la conducta, no de la persona; ten en cuenta tu comunicación no verbal; mantén una postura relajada y, por último, incluye gracias y por favor.

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¿Cómo te comunicas contigo mismo?

Los diálogos internos son las conversaciones que tenemos con nosotros mismos. El lenguaje que utilizamos en nuestras conversaciones internas influye notablemente en nuestra forma de actuar y de afrontar las situaciones, así como en lo que nos sucede a partir de nuestros pensamientos. Las palabras crean nuestra identidad y determinan nuestro futuro.

Cuando nos comunicamos con los demás, estamos transmitiendo lo que pensamos sobre nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestra comunicación no verbal y paraverbal actuarán en función de los pensamientos que generemos en nuestra cabeza. Reflexiona sobre lo que te sucede cuando piensas que estás muy nervioso, que no te van a salir las palabras y que te vas a equivocar. Lo más probable es que, de tanto pensarlo, eso suceda.

Para modificar tus “monólogos” internos, ten en cuenta estas pautas:

  • Deja de generalizar: “Siempre me sale mal, todo el mundo habla mejor que yo, siempre me pongo nervioso…” Son generalizaciones.
  • Formula tus pensamientos en positivo: “Si me equivoco en la presentación, aprenderé de mis errores”. Permanece atento a las frases que empiezan por no. “No quiero tener miedo escénico” y cámbialas por frases que expresen lo que quieres: “Quiero sentirme más seguro cuando me comunico con los demás”.

Estas pautas te ayudarán a enfocarte en lo que quieres, a eliminar las distorsiones y a ver las situaciones que te suceden desde otro punto de vista. Además, irás adquiriendo un hábito de forma inconsciente que podrás aplicar en cualquier ámbito de tu vida.

Ten en cuenta que la calidad de tus pensamientos determina la calidad de tu vida.

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