Tips de motivación para emprendedoras

¿Acabas de empezar a emprender y a veces sientes que te pierdes, que no sabes que hacer, te faltan las fuerzas, te vienes un poco abajo?

Desde mi experiencia, esa es una fase necesaria por la que tiene que pasar todo emprendedor, especialmente si, como en mi caso, has empezado con cero (o pocos) euros y cero clientes.

Hoy vengo a hablaros de una técnica muy potente que nos ofrece la Programación Neurolingüística, que es la técnica de “actuar como si” y que a mí me vino genial para esos momentos iniciales en los que la ilusión que tenías al comienzo empieza a decaer porque los resultados no llegan.

“Actuar como si”, según los anglosajones, “fake it till yo make it” y ¿para qué sirve? Fundamentalmente para mantener la motivación e ir haciendo camino hacia tu meta.

¿Cómo hacerlo? Aquí te dejo unos consejos que te servirán de ayuda:

  1. Ten claro tu objetivo, pero sé flexible. Es decir, tu objetivo final es importante que sepas cuál es y que sea un objetivo SMART. Puede que sea algo así como vivir de lo que haces, facturar X cantidad, firmar X contratos, vender X productos en un período de tiempo… Una vez que tengas claro tu objetivo, anota también en qué aspectos puedes ser flexible. No te cierres a una sola forma de hacer o un servicio o producto concreto. Cuanto más abras tu mente, más posibilidades tendrás de dar en el clavo. He oído a varios emprendedores y emprendedoras decir: “No, yo no hago labor comercial”; “No, yo redes sociales me niego”; “No, yo los sábados no trabajo”… Cuando emprendes, tienes que estar dispuesto a hacer muchas cosas aunque a priori no te gusten. Ya llegará el momento en el que puedas delegar, contratar, etc. Pregunta a las emprendedoras de tu alrededor a las que ya les vaya bien cuántas cosas han hecho para llegar a donde están.
  1. Visualiza cómo imaginas tu día a día cuando hayas conseguido vivir de tu proyecto. Una vez que tengas claro cómo quieres que sea, empieza a actuar como si. Llena tu agenda con las actividades que vas a hacer cada día y a cada hora. Por ejemplo:
  • 9:00 Hacerme una lista de contactos a los que puede interesar mi proyecto y de personas que me pueden facilitar contactos
  • 10:00 Pensar cómo voy a hacer mi plan de marketing (qué quiero hacer, quién me puede ayudar, cómo quiero llegar a mis clientes, en qué plataformas quiero estar presente…)
  • 11:00 Hacer un brainstorming para obtener ideas de cómo darme a conocer
  • 12:00 Llamar a algunos de los contactos de mi lista para quedar con ellos

Y a partir de ahí, ve llevando a cabo todas las tareas que plasmes en tu agenda. Por insignificante que parezca, cada una de esas actividades es un paso que te llevará hacia tu objetivo y te ayudará a mantener viva la motivación y la ilusión.

Aquí un cuadrito con la frase: “Si no sabes cómo, hallarás la manera en el trayecto”. Collin McCarty

  1. Comprométete contigo misma. Si realmente quieres emprender, el compromiso con tu causa es fundamental. Trabaja en el horario que te propongas exactamente igual que si lo estuvieras haciendo por cuenta ajena. No te pongas excusas: “tengo que ir aquí, tengo que ir a allá…” Puede que el dentista te dé cita a una hora en la que tenías previsto trabajar. Salvo que sea una urgencia, pídele que te la cambie a otra hora fuera de tu horario de trabajo. Por supuesto que todo esto con flexibilidad, pero lo que quiero decir es que si no te tomas en serio a ti misma y a tu proyecto, los demás tampoco lo harán. He visto tiendas, peluquerías y comercios diversos con la puerta cerrada en numerosas ocasiones “porque tenía dentista”, “porque tenía la nevera vacía”, “porque tenía que llevar a la niña a”… Sí, es desesperante estar horas y horas sin que nadie entre o te llame para interesarse por lo que vendes, pero si tu cliente va a tu establecimiento y se lo encuentra cerrado, eso hará daño a tu imagen profesional y muy posiblemente a su confianza en ti. La profesionalidad involucra varios conceptos, no se trata solo de hacer algo bien, saber mucho de una materia o tener productos bonitos. Tu actitud es muy relevante para el éxito. Y, sinceramente, aunque sea otro debate, hay razones que difícilmente llevarán a un hombre a no ir a trabajar (ir a la compra, llevar al niño…) Si quieres ser una mujer de negocios, cree en ti como tal, con todo lo que ello implica.
  1. Ten paciencia y persevera. Aunque no lleguen los resultados cuando y cómo esperabas, sigue adelante, sigue sembrando, no te rindas, persevera y los resultados llegarán.

 

Todo lo anterior, teniendo en cuenta que eres un ser humano, no una máquina y por tanto, permítete días de desesperación, de bajón o de lo que quieras. Sé flexible contigo misma, pero si quieres conseguir resultados, ¡nunca pierdas de vista tu objetivo!

Fórmulas para despedirte

Lo hemos comentado en varias ocasiones: todo lo que hacemos comunica. De ahí que sea tan importante tomar conciencia de nuestra comunicación y de cómo nuestra actitud, nuestros gestos y nuestras palabras afectan a nuestras relaciones y a la imagen que los demás tienen  de nosotros.

Despedirse es un momento importante de la comunicación. Es la guinda, el broche final con el que podemos reafirmar la imagen que hayamos proyectado durante una conversación, emborronarla o mejorarla todavía más.

Veamos algunos ejemplos de despedidas. ¿En qué medida crees que ayudan a reforzar tu imagen?

Te proponemos algo: Pon a cada forma de despedirse una nota del 0 al 10 y decide tú mismo.

En conversaciones informales

  1. Bueno, pues nada, hasta luego
  2. Bueno, ya nos veremos
  3. Hala pues, hablamos
  4. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

En reuniones

  1. Bueno, pues esto es todo
  2. Nada más por hoy
  3. Mañana más
  4. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

En charlas o ponencias

  1. Esto es lo que os quería contar, espero que os haya gustado
  2. Nada más
  3. Hasta aquí lo que quería deciros
  4. Y esto es todo
  5. … Añade las que suelas utilizar o conozcas

Aquí te dejamos algunas fórmulas que te pueden ayudar a que tu comunicación sea más eficaz e impactante.

En conversaciones informales

  1. Me ha encantado compartir contigo este rato
  2. Gracias por la cerveza y la charla
  3. Gracias por esta conversación tan agradable
  4. … Añade las que consideres. ¡Utiliza tu creatividad!

En reuniones

  1. Reformula los acuerdos a los que hayas llegado y di después “Muchas gracias” Por ejemplo: “A partir de ahora, entonces, utilizaremos la puerta A y la B, dejando la C para otros compañeros. Muchas gracias”
  2. Utiliza palabras clave para motivar, por ejemplo. “A partir de ahora, ilusión y ganas en todo lo que hagamos. ¡Adelante!”
  3. Reformulación de acuerdos, como en el punto 1, pero incluyendo los nombres de los implicados. Por ejemplo: “Pedro hará A, Pilar hará B y yo haré C. Muchas gracias”
  4. Una despedida similar, pero con los nombres de cada sección o departamento de la empresa. “El departamento de logística se encarga de A, el de marketing de B… Muchas gracias”

En charlas o ponencias

  1. Busca una cita impactante de alguien relacionado con la idea que quieres transmitir y después di “Muchas gracias”, sin añadir nada más.
  2. Deja a tu público una pregunta en el aire para que les suponga una reflexión impactante y añade después “Muchas gracias”
  3. Empieza y termina de la misma manera: La misma frase, cita o pregunta al inicio y al final, especialmente cuando en el desarrollo busques demostrar la validez de tus planteamientos o ideas. Después añade “Muchas gracias” y nada más.
  4. … Añade las que consideres. ¡Utiliza tu creatividad!

Obsérvate, escúchate a ti mismo en cada situación y piensa en qué medida las fórmulas que utilizas en cada ocasión te acercan a tus objetivos. Y si consideras que te vendría bien algún cambio, ¡hazlo! No te preocupes si más adelante prefieres volver a revisar tus fórmulas para despedirte. La capacidad para comunicarnos es una habilidad y, como todas las habilidades, requiere de tiempo y pasos recorridos para ser desarrollada.

Ánimo y mucho éxito en tus comunicaciones.

 

La comunicación en tiempos de COVID

Ya estamos en septiembre y la #COVID-19 sigue con nosotros. Lo está revolucionando todo: la salud, la sociedad, la economía y también la comunicación.

En el ámbito de la sanidad, no solo ha sido devastador por la cantidad de personas fallecidas y enfermas, sino que tiene perplejo al sector sanitario por su forma irregular de actuar, afectando de forma diferente a los contagiados.

Socialmente nos está afectando muchísimo también: los viajes se han reducido a la mínima expresión, ya no podemos salir y relacionarnos como antes, ni en cantidad, ni en forma, ni en lugar, ni en tiempo, ni en calidad.

El asunto de la economía es tremendo. Miles de personas en paro, autónomos y pymes ahogados y ciertos sectores con un presente terrible y un futuro más que incierto.

¿Y a la comunicación? ¿De qué manera le afecta?

  • Distancia: Ya no hablamos de tan cerca, la comunicación kinestésica del roce, el susurro de cerca, los olores, los besos y abrazos, está prácticamente desaparecida.
  • Lenguaje no verbal: La mascarilla tapa la parte más expresiva de nuestra cara, que es la boca. A través de los microgestos que hacemos con la boca expresamos emociones y reacciones que ahora ya no se ven. Nos vemos únicamente los ojos y eso hace más difícil captar bien la expresión de nuestro interlocutor.
  • Lenguaje paraverbal: De nuevo la barrera de la mascarilla, esta vez afectando al sonido de nuestra voz. ¿Cuántas veces has tenido que repetir una frase porque no te habían oído bien? ¿Cuántas veces has pedido que te repitan lo dicho? Pero no solo afecta al sonido, también a las emociones transmitidas de forma auditiva. Ahora tenemos que tener más cuidado con las entonaciones y hacerlas suaves para que no se confunda elevar la voz con un tono enfadado.

En fin, que el virus está afectando a casi todos los ámbitos de nuestra vida, comunicación incluida. Y no solo afecta a los aspectos mencionados, también nos obliga al desarrollo de nuevas habilidades, ya que muchas de las comunicaciones que antes eran presenciales, ahora se producen de forma virtual a través de vídeo conferencias y muchas personas se encuentran perdidas ante esta situación, pues no saben cómo hacerlo.

Cursos de formación, reuniones, exposiciones comerciales ante clientes, formación interna… ¿Cuántas actividades de las que antes realizábamos cara a cara estamos llevando acabo ahora de forma virtual? ¿Cómo conseguir que sean igual de eficaces?

Aquí te dejamos algunos trucos:

  1. Observa lo que la cámara recoge: ¿qué hay en tu entorno?
  2. Ilumina bien el lugar desde el que hablas
  3. Prepara bien tus intervenciones
  4. Haz participar a tus interlocutores
  5. Prepara a los asistentes para que ocurra algo positivo
  6. No sueltes “rollazos” llenos de datos
  7. Vocaliza y cuida tus entonaciones
  8. Apoya tus palabras con las manos y con tu expresión facial

Si todavía no sabes cómo hacer todo esto de forma específica, ¡no desesperes! Ensaya una y otra vez y si necesitas ayuda, fórmate de la mano de profesionales que te darán ese empujoncito que te falta.

¡Ánimo!

¿Te atreves a decir lo que piensas?

A la mayoría de las personas nos gusta caer bien, nos importa cómo nos ven los demás, en mayor o menor medida. Los problemas vienen cuando eso se convierte en un asunto prioritario y nos importa más quedar bien que decir lo que pensamos. Hablamos de situaciones en las que no nos atrevemos a discrepar, a decir que no, a manifestar nuestra opinión…en definitiva, a poner ciertos límites a los demás en situaciones en las que nos pueden invadir.

Y con invadir queremos decir que el otro acabe imponiéndonos su punto de vista y decida por nosotros lo que hay que hacer, lo que está bien o lo que está mal, lo que hay que decir… Pero ¡cuidado! No te victimices. Nadie te obliga a hacer nada, por muy agresiva que sea su postura: eres tú quien toma sus propias decisiones. Y si tu decisión es decir amen, mostrarte de acuerdo, decir “sí” para quedar bien en ese momento, las consecuencias que lleguen después son para ti, son tuyas.

Veamos algunas de esas consecuencias a las que podrías tener que enfrentarte:

  • Reclamaciones por promesas incumplidas. Por no decir no y querer quedar bien en ese momento, resulta que vas a quedar fatal. Poner excusas constantemente no funciona: la gente se da cuenta y es posible que te reclamen o, lo que es peor, que no te digan nada pero no te tomen en serio cuando hables.
  • Desequilibrio en las relaciones. Si intentas agradar a todo el mundo todo el rato, otorgarás a los demás ciertos derechos sobre ti. Recuerda que eres tú quien decide qué hacer en cada momento.
  • Resentimiento: Poco a poco irás generándolo hacia los demás, porque consideras que haces demasiadas cosas por ellos. Puede que les juzgues y pienses “No debería decirme esto, no debería pedirme aquello”.
  • Expectativas de merecimiento: Si no sabes decir no, probablemente reaccionarás mal cuando te den un no por respuesta. Habrás generado una serie de expectativas sobre lo que los demás deberían hacer por ti que, de no cumplirse,  te provocarán más frustración y resentimiento.

Te proponemos una reflexión: ¿Realmente te merece la pena intentar quedar bien con todo el mundo? ¿Qué beneficios obtienes de hacer eso?

Aquí te dejamos una lista de beneficios que obtendrás cuando decidas poner límites y decir claramente lo que piensas.

  1. Cuando empieces a hacerlo, tu nivel de satisfacción aumentará y, en consecuencia, tu autoestima.
  1. Tu nivel de paz aumentará, no estarás preocupándote por qué decir ni culpabilizándote por haber contribuido a tu pérdida de dignidad.
  1. Serás cada vez más extrovertido, ya no habrá miedo a expresarte.
  1. Aunque tú pienses lo contrario, ganarás en popularidad. Los “bienqueda” a menudo son vistos como gente sin personalidad, personas en las que no se puede confiar, porque todo lo que dicen es para quedar bien.

¡Te animemos a que pruebes y nos lo cuentes!

Cómo convertirte en un buen orador

Es muy habitual admirar a otras personas cuando hablan en público. Tal vez te fijes en ellos, te fascine cómo se mueven en el escenario, te hagan sentir diferentes emociones o te cautive su voz y puede que pienses que tú nunca podrás hacer lo que hacen ellos. Consideras que no eres un buen orador, que no has nacido para esto, que lo de hablar en público es para otros.

Sin embargo, hablar en público es una habilidad que se entrena, así que llegar a ser un buen orador no es tan difícil como crees: puedes entrenar y puedes empezar a hacerlo ahora mismo. Eso sí, sin compararte con nadie: solo compárate contigo mismo. Es la manera ideal de medir tu progreso.

Hoy te dejamos unas pautas para que puedas planificar tu entrenamiento como orador:

  1. Ten a mano una lista de las cualidades que tiene que tener un buen comunicador para hablar en público. Aquí te indicamos las principales:
  • Control de la postura corporal: espalda erguida, hombros hacia atrás, pies firmemente apoyados en el suelo.
  • Manejar gestos que acompañan el discurso: brazos separados del cuerpo y palmas de las manos abiertas.
  • Expresión facial: sonrisa y mirada a todo el público.
  • Preparación del mensaje: tener claros los objetivos y darle una buena estructura.
  • Tener un léxico amplio y aptitudes para argumentar.
  • Una buena dicción.
  • Entonación variada.
  • Voz firme y bien proyectada.

También puedes elaborar tu propia lista con las características que más te gusten de tus ponentes favoritos.

  1. Ponte una calificación para cada una de las cualidades, del 0 al 10, por ejemplo.
  1. Decide por dónde quieres empezar y qué vas a hacer para subir el nivel de cada cualidad.
  1. Habla en público siempre que tengas ocasión y practica los puntos que te has propuesto.

Decir “me ha salido bien” o “me ha salido mal” es demasiado abstracto y no conduce al cambio. Márcate objetivos, entrena con constancia y regularidad, chequea tus niveles de vez en cuando y ¡verás como cada vez eres mejor orador!

 

Aprender a decir que no

 “Lo más importante que aprendí a hacer después de los 40 años fue a decir no cuando es no”.

Gabriel García Márquez

Para decir no de forma adecuada y sin dañar la relación es necesario contar con una buena autoafirmación y con ciertas habilidades. Desde niños nos enseñan a ser amables y complacientes con los demás y muchas veces, sin darnos cuenta, a la vez estamos aprendiendo a dejar de lado nuestras necesidades e intereses. A menudo escuchamos “qué majo es fulanito, qué buena persona es menganita” cuando se trata de hablar de personas que satisfacen las necesidades ajenas. Tanto la sociedad como los entornos laborales aprecian mucho que nos mostremos siempre disponibles.

Pero, ¿qué ocurre si no somos capaces de poner límites? Pues que probablemente nos “dejaremos la piel” para cubrir las necesidades de los demás, olvidándonos de las nuestras.

Si quieres empezar a hacer lo que tú quieras y dejar de vivir pensando constantemente en satisfacer a los demás, aquí te dejo algunas de las claves:

1- Piensa para qué complaces a los demás. ¿Para que digan que eres una buena persona? ¿Eso es lo que te satisface realmente? Imagínate haciendo lo que quieras cuando quieras, sin dar explicaciones y pensando en tu felicidad. Seguro que alguna vez has probado a liberarte de la aprobación de los demás y lo has disfrutado. ¡Pues recuerda que eso es algo que puedes hacer todos los días!

2- ¿Crees que si dices que no no te van a querer, se enfadarán o no contarán contigo? Entonces estás decidiendo desde el miedo y la consecuencia es que te traicionas a ti mismo. Y piensa, además, otra cosa: si alguien se enfada porque alguna vez digas que no, ¿qué clase de sentimientos tiene hacia ti? Tal vez no te estén valorando como persona, ni tú tampoco.

3- Las personas de cuya aprobación estás pendiente piensan en sus objetivos. ¿Por qué no piensas tú en los tuyos? Cuando hagas algo que no te apetece solo por complacer a los demás, reflexiona sobre lo que quieres hacer la próxima vez y ponlo en primera persona: “La próxima vez YO QUIERO hacer…”

4- Repite todos los días, las veces que sea necesario, la siguiente frase: “Estoy en mi derecho de hacer y decir lo que yo quiera, siempre y cuando no vulnere los derechos de los demás”

5- Recuerda: cada uno es responsable de su felicidad. Tú eres responsable de la tuya, no de la de los demás.

Planifica tu entrenamiento y empieza poco a poco, por lo que te resulte más fácil. Y si se trata de enfrentarte a una conversación más difícil para ti, prepárate con antelación lo que quieres decir y no te salgas de ahí.

¡Ánimo y mucho éxito!

Lo que puedes comunicar con tu voz

Muchas personas piensan que, a la hora de hablar en público, lo más importante es el contenido, lo que se dice. Por supuesto que es necesario conocer el tema sobre el que vas a hablar en profundidad, utilizar el lenguaje de forma eficaz y preparar una buena presentación, pero lo que más te va a ayudar a transmitir y a llegar a tu público es la puesta en escena, compuesta por el lenguaje corporal y el lenguaje paraverbal (la voz).

Comunicar con la voz

Aquí te dejamos una serie de preguntas para que chequees tu lenguaje paraverbal y algunos trucos para mejorarlo:

  1. ¿Qué volumen utilizas? Busca un volumen medio, dale un punto más de fuerza a tu volumen habitual. Puede que al principio te resulte extraño y poco natural. No te preocupes, con el tiempo formará parte de tu zona de confort.
  2. ¿A qué velocidad hablas? Demasiado deprisa puede resultar acelerado y puede hacer que a tu público no le dé tiempo de procesar todas las ideas. Demasiado despacio puede dormirles. Truco: Juega con las velocidades, ve variando. Di algunas palabras o sílabas más despacio, otras más deprisa y, en general, utiliza un ritmo intermedio.
  3. ¿Haces pausas y silencios? Puede ser que consideres que un silencio o una pausa significa que te has quedado en blanco y que tus interlocutores se van a dar cuenta. En absoluto. Un silencio proporciona fuerza a las palabras que acabas de decir y hace que éstas calen más en tu público.
  4. ¿Qué tal andas de entonaciones? Jugar con la velocidad, el timbre, las pausas, alargar palabras y variar volúmenes hará que tus entonaciones tengan muchos más matices.
  5. ¿Cómo vas de dicción? ¿Eres de los que pronuncia cada letra o a veces cuesta entenderte? Para articular mejor, abre bien la boca y pon atención a que suenen todas las letras.

Trabajando estos aspectos clave del lenguaje paraverbal conseguirás que tu comunicación sea más eficaz y llegue más a los demás. Trabaja, ensaya, lee en voz alta para ir desarrollando estas habilidades pero, sobre todo, ¡ponle pasión! Si te involucras en el mensaje, lo cuentas con entusiasmo y te gusta lo que dices, tu voz sonará con fuerza, firme, creíble y profesional. Esto hará que tu cuerpo se mueva en consonancia acompañando a tus palabras y el resultado seguro que es excelente.

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4 consejos para escuchar activamente

La diferencia entre oír y escuchar es que oír es simplemente percibir los sonidos a través del oído y escuchar es prestar atención a lo que se oye, implica entender y comprender lo que te dicen. Si, además, lo hacemos de forma activa, pondremos atención también en los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

Escuchar activamente nos permite hacer preguntas o proporcionar respuestas más adecuadas. En algunas profesiones, esto se vuelve esencial. Especialmente si eres comercial o formador.

Una de las ventajas de la escucha activa es que provoca una relación positiva y de confianza con nuestro interlocutor y éste se siente valorado.

4 CONSEJOS PARA DESARROLLAR LA ESCUCHA ACTIVA

  1. No juzgues. Pon atención en sus palabras y sus emociones, no lo extrapoles a las tuyas.
  2. Evita dar consejos. Ya que el contexto del interlocutor no tiene por qué ser el nuestro.
  3. No interrumpas. A menos que sea imprescindible y relevante para entender el mensaje de la otra persona.
  4. Repite sus palabras. Repite lo mismo para demostrar que estás escuchando lo que te está diciendo. Cuidado, hazlo de vez en cuando, o no será creíble.

“Solo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio; solo una mente serena pero extraordinariamente activa puede aprender” Jiddu Krishnamurti

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Consejos para desarrollar tu comunicación

Trabajar de cara al público requiere de muchas habilidades como la empatía, la asertividad, la comunicación, la capacidad de negociación… Ser habilidoso en todas ellas es algo que se puede conseguir teniendo ciertas habilidades y herramientas, y entrenándolas de forma continua.

En esta ocasión, te proporcionamos unos consejos que te ayudarán a desarrollarte personalmente y a mejorar tu comunicación con los demás.

El trabajo de comercial, habitualmente, consiste en vender, en conseguir nuevos clientes, en reunirte con ellos, negociar, dar explicaciones, trabajar bajo presión y con un factor económico variable que depende directamente de tus resultados. Por eso, es fundamental saber gestionar todas las emociones que se derivan de estas situaciones.

Lo primero que debes hacer es escucharte a ti mismo. Cuando se dan las circunstancias mencionadas anteriormente, ¿qué piensas? Imagínate que hoy no has logrado tus objetivos con lo que eso conlleva: ¿qué se te pasa por la cabeza? “No he sabido convencer a ese cliente”. “Así no lo conseguiré nunca”. “Voy a tener que dar explicaciones…” Probablemente, lo que viene a tu mente no es algo positivo.

¿Te ayudaría pensar otra cosa? Seguro que si esta misma situación le sucede a un amigo, le animarías con frases motivadoras. Entonces, ¿por qué no lo haces contigo mismo?

En segundo lugar, créetelo. De nada sirve modificar el lenguaje que utilizas contigo mismo si luego no te lo vas a creer. Si lo que quieres es cambiar un comportamiento, una actitud o una situación, tienes que estar convencido de que es posible.

Por último, visualízalo. Piensa con todo detalle cómo será esa reunión con tu cliente y qué esperas conseguir de ella. Imagínate dando una conferencia para tus compañeros, logrando tus objetivos, consiguiendo clientes, etc. Si haces este ejercicio de visualización, activarás las mismas emociones y sensaciones que si lo estuvieses viviendo.

“Tú naciste siendo un ganador, pero para ganar debes planear ganar, estar preparado para ganar y esperar ganar”. Zig Ziglar

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Conversaciones eficaces con tu equipo

Es momento de cambios en tu empresa. Como director o como jefe, te toca reunir a tu equipo para comunicar las decisiones tomadas. Sabes que es de vital importancia que los equipos sean conocedores de las mismas. Por esa razón, la comunicación se vuelve uno de los factores más relevantes, pues depende de cómo comuniques esas decisiones, transmitirás al equipo mayor o menor credibilidad y provocarás en ellos mayor o menor motivación.

Para no cometer un error y que tu discurso se vuelva susceptible de interpretaciones, es primordial preparártelo bien. Así que, toma nota de estos consejos:

En primer lugar, define la intención de tu conversación con el equipo. Puedes contestar a estas preguntas: ¿cuál es el mensaje o decisión que quieres trasladar a tu equipo? ¿A quiénes afecta? ¿Cómo les afecta? ¿Qué esperas de ellos? ¿Qué papel desempeñas en tu discurso?

Segundo, ten en cuenta que, como dice el refrán, “nunca llueve a gusto de todos”. Puedes obtener todo tipo de respuestas y reacciones. Para que no te coja por sorpresa, ten en cuenta a tu público y piensa cómo pueden responder ante la decisión que les acabas de comunicar.

Por último, utiliza todos tus recursos: el vocabulario que mejor se adecue a la situación, tus gestos, usa la empatía, adapta tus argumentos, etc.

Y, sobre todo, prepara bien tu mensaje para ganar mayor seguridad durante el discurso. Ya que no importa cuántos recursos tengas, si no sabes cómo utilizarlos, nunca serán suficientes.

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