4 consejos para escuchar activamente

La diferencia entre oír y escuchar es que oír es simplemente percibir los sonidos a través del oído y escuchar es prestar atención a lo que se oye, implica entender y comprender lo que te dicen. Si, además, lo hacemos de forma activa, pondremos atención también en los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

Escuchar activamente nos permite hacer preguntas o proporcionar respuestas más adecuadas. En algunas profesiones, esto se vuelve esencial. Especialmente si eres comercial o formador.

Una de las ventajas de la escucha activa es que provoca una relación positiva y de confianza con nuestro interlocutor y éste se siente valorado.

4 CONSEJOS PARA DESARROLLAR LA ESCUCHA ACTIVA

  1. No juzgues. Pon atención en sus palabras y sus emociones, no lo extrapoles a las tuyas.
  2. Evita dar consejos. Ya que el contexto del interlocutor no tiene por qué ser el nuestro.
  3. No interrumpas. A menos que sea imprescindible y relevante para entender el mensaje de la otra persona.
  4. Repite sus palabras. Repite lo mismo para demostrar que estás escuchando lo que te está diciendo. Cuidado, hazlo de vez en cuando, o no será creíble.

“Solo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio; solo una mente serena pero extraordinariamente activa puede aprender” Jiddu Krishnamurti

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Consejos para desarrollar tu comunicación

Trabajar de cara al público requiere de muchas habilidades como la empatía, la asertividad, la comunicación, la capacidad de negociación… Ser habilidoso en todas ellas es algo que se puede conseguir teniendo ciertas habilidades y herramientas, y entrenándolas de forma continua.

En esta ocasión, te proporcionamos unos consejos que te ayudarán a desarrollarte personalmente y a mejorar tu comunicación con los demás.

El trabajo de comercial, habitualmente, consiste en vender, en conseguir nuevos clientes, en reunirte con ellos, negociar, dar explicaciones, trabajar bajo presión y con un factor económico variable que depende directamente de tus resultados. Por eso, es fundamental saber gestionar todas las emociones que se derivan de estas situaciones.

Lo primero que debes hacer es escucharte a ti mismo. Cuando se dan las circunstancias mencionadas anteriormente, ¿qué piensas? Imagínate que hoy no has logrado tus objetivos con lo que eso conlleva: ¿qué se te pasa por la cabeza? “No he sabido convencer a ese cliente”. “Así no lo conseguiré nunca”. “Voy a tener que dar explicaciones…” Probablemente, lo que viene a tu mente no es algo positivo.

¿Te ayudaría pensar otra cosa? Seguro que si esta misma situación le sucede a un amigo, le animarías con frases motivadoras. Entonces, ¿por qué no lo haces contigo mismo?

En segundo lugar, créetelo. De nada sirve modificar el lenguaje que utilizas contigo mismo si luego no te lo vas a creer. Si lo que quieres es cambiar un comportamiento, una actitud o una situación, tienes que estar convencido de que es posible.

Por último, visualízalo. Piensa con todo detalle cómo será esa reunión con tu cliente y qué esperas conseguir de ella. Imagínate dando una conferencia para tus compañeros, logrando tus objetivos, consiguiendo clientes, etc. Si haces este ejercicio de visualización, activarás las mismas emociones y sensaciones que si lo estuvieses viviendo.

“Tú naciste siendo un ganador, pero para ganar debes planear ganar, estar preparado para ganar y esperar ganar”. Zig Ziglar

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