5 tips para controlar la postura corporal delante de un tribunal

Cuando defendemos un tema delante de un tribunal o presentamos un proyecto, no somos conscientes de la importancia de nuestra postura corporal. Como te hemos comentado en ocasiones anteriores, el lenguaje no verbal tiene mayor relevancia que el lenguaje verbal en nuestra comunicación. Los nervios nos pueden traicionar y es cuando nos surgen los miedos, muy visibles en nuestra manera de vocalizar y en nuestra postura corporal. Por ello, ¡queremos ayudarte! Te ofrecemos 5 tips para vencer el miedo a hablar en público y presentar delante de un tribunal controlando la postura corporal.

#1. Piernas separadas a lo ancho de las caderas.

Esto te ayudará a mantener el equilibrio y no perder estabilidad por los nervios.

#2. Peso repartido entre las dos piernas.

Al repartir el peso, evitas el movimiento incoherente hacia los lados.

#3. Espalda erguida, plexo solar abierto.

El plexo solar es una densa red nerviosa situada detrás del estómago, esta zona recibe las sensaciones relacionadas con nuestras emociones. Por lo que si mantienes la espalda erguida y la zona abierta, ayudas a tu cuerpo a no sentir bloqueos y a reducir el miedo.

#4. Los brazos caen a lo largo del cuerpo, sin tensión en hombros o manos.

Ejercicios de relajación y estiramientos previos ayudan a relajar los hombros y manos. Si tensas tu cuerpo, tu cerebro recibe señales de malestar y nervios.

#5. Cabeza recta, mentón ligeramente inclinado.

Además de sentirte relajado, te aportará seguridad y así lo transmitirás al público.

La práctica es lo que te ayudará a adoptar estas posturas corporales de forma inconsciente. Empieza a practicar y tanto los demás, como tú mismo, empezaréis a notar la diferencia, consiguiendo hablar en público de manera eficaz. Amplía más información en nuestra web.

Los efectos de la sonrisa en la comunicación

Ya lo decía Albert Einstein: “Si quieres entender a una persona, no escuches sus palabras, observa su comportamiento”. Nuestros gestos, nuestra expresión corporal, nuestra manera de actuar, comunican en mayor medida que nuestras palabras. Una de las herramientas más poderosas de nuestra comunicación no verbal es la sonrisa.

Cuando hablamos en público la sonrisa puede ser nuestra mejor arma, la utilizaremos en el momento del arranque, lo cual nos servirá para conectar con el público. Así conseguiremos transmitir energía positiva e involucrar al auditorio. Comenzar con una sonrisa amable ayuda a “romper el hielo” y traspasar la barrera entre el comunicador y el público, generando una sensación de complicidad. Además, sonriendo provocamos que los oyentes sientan simpatía hacia nosotros y se alegren de estar presentes en ese momento y quieran escucharnos.

Cuando sonreímos, liberamos una sustancia llamada endorfina, la droga natural de la felicidad. Al sonreír enviamos un mensaje a nuestro sistema nervioso central y el cerebro entiende que todo va bien, ¡incluso si forzamos la sonrisa! Esto provoca un efecto “desestresante”: se calman nuestros nervios y se reduce la ansiedad.

Una sonrisa facilita las relaciones personales y profesionales, incrementa la espontaneidad, la creatividad, la expresión, ayuda a vencer la timidez y además ¡tiene efecto contagioso! Algunos estudios han demostrado que es treinta veces más probable reír en grupo que solo. Pero para poder reír con los demás, primero debemos saber reírnos de nosotros mismos.

¿A qué esperas para sonreír? Tenerlo presente en nuestras presentaciones es factor fundamental en la lucha por acordarnos del contenido, mantener la expresión corporal y recordar el objetivo del discurso. Practicar te ayudará a mantener el equilibrio entre todos los elementos que intervienen en la comunicación. Pero más allá de lo puramente teórico y práctico, lo más importante es ¡DISFRUTAR! Si disfrutamos durante el proceso ayudamos a que los demás también lo hagan y terminaremos la presentación con una sensación agradable y positiva.

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Vencer el miedo a hablar en público cambiando tus pensamientos

¿Eres CEO? Necesitas comunicar bien. Has trabajado duro para llevar adelante tu proyecto, te has preparado, has tomado riesgos… Como se suele decir, “has echado toda la carne en el asador”. Ahora llega el momento de dar a conocer tu proyecto, vender tus productos o servicios, tu empresa,  en diferentes  ámbitos y escenarios. En muchas ocasiones esto significa tener que hablar en público y para algunas personas esto supone un auténtico calvario, aparece lo que llamamos el miedo escénico, que algunas veces se refleja mediante nervios, temblores, movimientos diversos del cuerpo, sudoración, volumen bajo… Un amplio repertorio de síntomas y otras veces ni siquiera eso, porque se evitan las situaciones que supongan enfrentarse al público. Escapando de la situación, efectivamente, te librarás de pasar ese mal rato, pero también perderás una gran oportunidad de dar a conocer al mundo lo que hacemos. ¿Para qué te sirve trabajar tan duro si después no te das a conocer?

Hablar en público es algo que puede hacer cualquiera. Para vencer tus miedos, solo tienes que cambiar la manera en la que afrontas la situación y sustituir tus pensamientos negativos, que te limitan, por otros positivos, que te potencien.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos erróneos:

1. Me siento un impostor. Esto de hablar en público no está hecho para mí, hay quien tiene ese don, pero no es mi caso, yo no he nacido para esto. ¡Error! Hablar en público no es un don con el que se nace, es una habilidad que se entrena.

2. Tener expectativas de fracaso: “Me va a salir mal, me voy a quedar en blanco, me voy a equivocar, no les va a gustar…” ¿En qué te basas para creer eso? ¿De qué te sirve pensar así? Si vas a utilizar tu imaginación para “adivinar” lo que va a suceder, imagina en positivo y ¡verás cómo cambia tu estado de ánimo!

3. El público es “el enemigo” y me va a juzgar. El público no está ahí para juzgarte, está ahí para escuchar lo que les has dicho que les ibas a contar. Céntrate en darles lo que buscan, ¡piensa más en ellos y menos en ti!

4. Si algo falla, he fracasado. Si algo no sale como esperabas, tómatelo como una oportunidad para aprender y hazte la siguiente pregunta: ¿Qué quiero hacer de forma diferente la próxima vez para que el resultado sea satisfactorio? Ponte objetivos específicos y medibles y ¡ve a por ellos!

Y sobre todo, entrena, entrena y entrena… Como dice la famosa frase de la película “El exótico Hotel Marigold”: “Al final, todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final”.

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No alimentes el temor

Ocupas un puesto de responsabilidad en la empresa, tienes un equipo de personas a tu cargo, reuniones importantes y, en ocasiones, presentaciones en público. En definitiva, diferentes situaciones, diferentes ámbitos y diferentes escenarios que tienen algo en común: tienes que comunicar y convencer. Sin embargo, llegado el momento, te vas sintiendo pequeño, te llenas de inseguridades y aparecen todo tipo de síntomas, algunos de ellos de tipo conductual, llegando incluso a posponer la situación o a evitarla, dejándole la responsabilidad a otra persona.

¿Te has parado a pensar que cuando haces eso estás regalando oportunidades?

Para vencer tu miedo escénico, comienza cambiando tu forma de plantearte la situación. No lo veas como una amenaza, sino como una oportunidad para comunicar tus ideas, compartirlas con quienes te oyen y convencer a tu público.
Puede que unos días antes de la exposición aparezca la ansiedad y lo empieces a pasar mal. ¿Qué puedes hacer ante esa situación? Pon freno a los pensamientos negativos. Aparecerán de forma automática y eso, si es lo que lleva ocurriendo toda tu vida, no lo vas a poder evitar. Pero sí puedes evitar creértelos y que continúen contigo. En cuanto aparezcan, toma conciencia de ellos, piensa que no te van a ayudar a conseguir tus objetivos y desvía tu atención hacia otro lado. ¿Hacia dónde? ¡Muy fácil! Hacia tu discurso. Repásalo de nuevo, visualízate exponiéndolo con seguridad y soltura. En definitiva, prepárate para el éxito, para comunicar y convencer: tu valor diferencial.

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